Cultoras de oficio: Sahumadoras al servicio del territorio

Escrito por Jannel Lobos

Sahumar es un rito sagrado que muchas culturas prehispánicas utilizaban con fines de limpieza y purificación. Posteriormente, a partir del periodo de conquista y colonialismo español, el rito adquirió connotaciones religiosas y comenzó a ser utilizado en ceremonias cristianas. En la América hispánica, allá por el 1700, las sahumadoras eran generalmente mulatas y criadas que acompañaban las procesiones religiosas. Hasta el día de hoy esta tradición se mantiene, y aunque en muchos pueblos continúa siendo un ritual de culto a alguna divinidad cristiana, en otras se ha logrado reivindicar para conectar con su origen ancestral e identitario.

Claudia Cordero (41), lleva seis años practicando el oficio de sahumadora, luego de encontrarse con el camino de la espiritualidad indígena y comenzar a participar de diversas actividades espirituales. “Una amiga me invitó primero a un temazcal, y luego me gané una beca para ir a escribir a México. Había conocido a la maestra Ana Luisa Solis, que es una mujer medicina mexicana, y ella impartía la iniciación a sahumadora en su casa. Después conocí las caminatas olmecas con dos maestros sahumadores y eso fue muy revelador”. El ritual de las caminatas consistía en recorrer grandes distancias sosteniendo el sahumador sin que éste se apagara: A partir de ese momento Claudia entendió que el fuego estaba conectado con el rezo que se eleva al momento de sahumar.

Recolectar, encender el fuego y la intención

Una de las materias primas de la sahumación son las hierbas mágicas, que deben ser recolectadas. Se espera que idealmente las plantas se encuentren en la casa de la sahumadora o en lugares que no tengan polución ambiental o energética. “Así como las plantas dan, también reciben energías y se cargan”, cuenta. Otro punto importante es pedir permiso antes de cortar. Claudia deja un cabello a los pies de la planta, aunque otras personas dejan piedras o monedas: la idea es retribuir siempre de alguna forma. Luego, la planta se deshoja y se pone a secar hasta que esté lista para usar. 

Posteriormente, se enciende el sahumador con alguna madera -que puede ser ocote o palo santo-, y se agrega carbón vegetal o de asado. Una vez encendido, la sahumadora presenta su intención. En el fondo, el humo y el ritual con el fuego y las hierbas tiene el objetivo de acompañar el rezo que la conecta con la naturaleza y el cosmos. Claudia presenta el rezo como un acto de humildad y puesta al servicio del universo que va a entregarle abundancia si es capaz de confiar en él. “El capitalismo nos aleja de esa confianza, nos hace querer tener cosas que no necesitamos, acumular, y nopos, el rezo te conecta con otra forma de entender la vida”. 

“El capitalismo nos aleja de esa confianza, nos hace querer tener cosas que no necesitamos, acumular, y el rezo te conecta con otra forma de entender la vida”.

Una vez encendido el fuego, hay que esperar a que baje para que el carbón se encienda antes de poner las hierbas. Cuando las brasas se vuelven de un rojo grisáceo es momento de ofrendar al sahumador (como si se tratara de alimentarlo), con las hierbas elegidas según el propósito del ritual. Cada una de las hierbas, resinas y cortezas poseen un poder especial. La sahumadora estudia sobre herbolaria mágica para conocer dicho poder. “Lo más importante en el mundo de la magia vegetal y el de las sahumaciones es la fuerza de las palabras y la intención del corazón (…) Hay que ponerle caleta de fe, visualizar tu propósito de limpieza, protección, abundancia o lo que necesites”. La sahumadora entra en contacto con el mundo sensible y se encomienda a energías y espíritus que canalizan a través de ella. Ahora toca mantener vivo el aliento y soplar: el soplo es lo que da vida al sahumador. Claudia nos cuenta que no se puede desatender el sahumador durante todo el proceso, no solo para que no se apague, sino que también porque es una representación del útero, de la madre tierra y de la mujer. “Es la vida la que está ahí en ese cuenco”. Cuando el rito ha finalizado, se entierran las cenizas y se agradece.

Pero no solo las sahumadoras tienen el poder de realizar este rito. Muchas veces llegamos a un lugar nuevo e instintivamente queremos encender un incienso y limpiar los espacios. Para hacer un sahumado en casa, se recomienda primero llevar a cabo una limpieza profunda del espacio. Para Claudia, más allá de las reglas existe un conocimiento ancestral instintivo: lo importante es darse el tiempo y espacio para conectar con esa energía mágica, en cualquiera de sus formas. Prender una vela y sentarse a meditar tranquila ayuda a conectar con la energía del corazón. “Cuando te detienes te das cuenta de que no eres solo mente, el sahumado o la meditación son prácticas que te resetean y te hacen ver lo que de verdad necesitas, fuera de todos los estímulos que recibes a diario”. 

Sahumadoras por la defensa del territorio

Cuando la sahumadora se ha iniciado correctamente, entiende que una de sus principales funciones es ofrecer un servicio a la comunidad a través del humo: rehusarse a ese llamado es ponerse al servicio del ego y no de su verdadera misión. “Si alguien está mal y te llama, es porque realmente te necesita. Espiritualmente ahí se entiende el propósito de esto”. Desde el 2019, junto con otras compañeras, comenzaron a realizar caminatas para la conmemoración del 8M, y luego para el estallido social. “Fue muy lindo, porque se abrían los caminos para que pasaramos nosotras, había una sensación de ancestralidad que se estaba levantando desde la misma gente que se movilizaba por sus derechos. Para Claudia, sin duda, la caída de paradigmas del 18 de octubre no fue solo social o política, sino también espiritual.

“Tenemos que volver a las prácticas ancestrales de nuestros abuelos porque la ritualidad genera comunidad, y ese es un factor importantísimo para el cambio.

Es por eso que uno de los objetivos más grandes que se han propuesto las sahumadoras es estar al servicio de la defensa de los territorios de la floresta, bosques y cerros. Un desafío importante, considerando que nuestra región es una de las más amenazadas por conflictos socioambientales. “En las comunas de, Villa Alemana, Limache y Quilpué por ejemplo, casi todos los lugares que nos permiten conectar con la naturaleza están siendo arrasados por la ambición de las empresas en complicidad con las mismas autoridades. Por eso nos hemos puesto el objetivo de levantar un trabajo de resguardo y rezo para generar conciencia y activar desde ahí”. Desde entonces se han estado agrupando, y actualmente hacen llamados para congregarse y sahumar en distintos lugares y a favor de diferentes iniciativas. 

Sobre la importancia de integrar la perspectiva espiritual en los procesos actuales, Claudia es categórica: “tenemos que volver a las prácticas ancestrales de nuestros abuelos porque la ritualidad genera comunidad, y ese es un factor importantísimo para el cambio. Si podemos recuperar los ritos y compartir estos conocimientos que muchas veces se han mantenido ocultos por considerarlos innecesarios o peligrosos para el orden imperante, vamos a estar re conectando también con la necesidad de preservar los lugares que nos permiten conectar con la naturaleza, de proteger el agua, revalorizar el hecho de sentarnos alrededor de un fuego, de conversar entre vecinos y salirnos de la máquina. Sin el despertar espiritual, el despertar político no alcanza”.