Desbordar el alma a traves de la danza: mujeres y corporalidad ofrendada al territorio

Escrito por Val Rudolphy

Desde Villa Alemana, Constanza Sarmiento (30) se conecta con el territorio mientras se alista para comenzar su baile. Es una mañana fresca y nos internamos en el Estero de Quilpué, lugar elegido para nuestro encuentro. A través de la danza, que lleva practicando hace años y hoy enseña en la escuela tribu Sumpai Zungún, intenciona bien para nuestra tierra, la abraza. En ella practican el fatchance belly dance, un estilo tribal americano centrado en la improvisación grupal. 

“Somos una escuela de danza del vientre tribal. Tratamos de dirigir nuestra energía al danzar a reverdecer del territorio. Ese es nuestro objetivo energético al hacerlo”, cuenta. Usualmente el belly dance está vinculado al espectáculo y al deleite masculino. “Eso me chocaba”, relata Constanza. Durante su adolescencia -y toda su vida universitaria-, exploró y estudió de diversas maestras, que la llevaron a decidir dedicarse a enseñar y practicar esta danza. 

“Me impactó la sensación de activar la matriz y tener cierta soberanía energética sobre la pelvis a través de la danza”.

Pura energía

En palabras de Constanza, el fatchance belly dance “es un vocabulario de muchos pasos, y estudias esa familia de pasos”. Al titularse de Psicóloga todo le hizo sentido: tenía que dedicarse sólo a las clases. 

Val: ¿Cómo relacionas la corporalidad de la danza con los objetivos más espirituales? ¿Cómo ves a tu cuerpo desde ahí?

Constanza: Pienso que la danza del vientre moviliza específicamente la zona de la pelvis y del pecho. Aquí están los órganos destinados a la nutrición y a dar vida. 

Constanza explica que “tenemos la misión de nutrir y fertilizar a todas las especies vegetales, el agua, los minerales. Me hace sentido movilizar la energía de la pelvis, como dadora de vida y creadora, y la del pecho en su función nutritiva”.

Desde esta base, las Sumpai Zungún movilizan su energía al danzar, ofrendando al territorio, a la naturaleza y a sus ancestras/os. 

“Tenemos la misión de nutrir y fertilizar a todas las especies vegetales, el agua, los minerales.»

V: ¿Cómo te comunicas con tu mujer salvaje a través de la danza? ¿Cómo es esa conexión más intuitiva? 

C: Estamos en un mundo no-salvaje, que corta el vínculo entre la conciencia y el cuerpo. En ese sentido, moverse es fundamental. La “Mujer salvaje” es un concepto por el cual hay que luchar, en nuestra sociedad hay pocas mujeres salvajes, y que lo intentemos involucra una conexión entre la espiritualidad y el cuerpo: sin recuperar la corporalidad no es posible.

La visión que Constanza plantea es la de una vivencia de la mujer salvaje en este danzar y conectarse con los objetos, con las plantas, con la tierra o el agua. Esa diversidad es la que moviliza a su espíritu y a su cuerpo al mismo tiempo. 

“No hay ningún movimiento específico que sea danza, y otro que no lo sea”, remarca, agregando que eso “ofrece muchas posibilidades de lo que podemos hacer corporalmente”.

V: ¿Qué sientes cuando bailas, qué emociones te atraviesan? ¿Funciona como un trance?

C: Depende de la situación. En las clases es más mental y técnico. Me gusta tener el espacio de danzar conmigo misma, para improvisar, más intuitivo, sin exigencias técnicas para conectarme con mis emociones. 

Por otra parte, al danzar en bosque o en un cerro quiero que sea un gesto que contribuya al lugar. Usualmente no hay una retribución energética a estos espacios naturales. Entonces la danza en estos lugares es algo que quiero ofrendar al lugar. Es un proceso sanador. 

Movilizar el espíritu y el cuerpo hacia y para la naturaleza

“Además de las clases hay espacios que destinamos a reverdecer del territorio, propuestas escénicas a modo de tribu, para propósitos específicos energéticos”. Una de las maneras en que se conectan con especies es lo que sucede con el espino nativo, Acacia Caven. “Usamos sus vainas vacías para danzar en círculo y vincularnos con el espíritu del árbol. Es algo exploratorio”, cuenta.

“Bailar en grupo es componer juntas, con pasos y palabras, como conversar

V: Quería saber más en profundidad sobre tu relación con la danza, en torno a qué reflexiones tenías cuando estabas aún aprendiendo, antes de decidir dedicarte a esto.

C: Entonces sentía mucha curiosidad y un poco de temor. La danza del vientre es mirada en menos, no se ve como una expresión artística válida. Tenía inseguridades en torno al oficio. Pero siento que va funcionando paso a paso. 

Cada espacio “ritual” es importante para la tribu, con el que se establece una relación. Entendemos desde esta mirada a la mujer salvaje como una que puede ser consciente de su energía corporal, pélvica y del pecho, pudiendo intencionar lo que se proponga. Conectar realmente con aquello que le es crucial en la vida, desprendiéndose de los deseos que el sedentarismo nos trae.

Constanza además participa cuando hay algunas actividades en torno a la protección del medio ambiente, junto a la tribu Sumpai Zungún. Dice que siente goce en aquella danza colectiva, aquel lenguaje que se da entre ellas y con el lugar.

“Bailar en grupo es componer juntas, con pasos y palabras, como conversar”, concluye, pues todo lo que practica es compartir intimidad y propósito. Vivir a esta mujer salvaje es colectivo, pues estamos creadas para esa comunidad.