Una guia hacia nuestra mujer salvaje a traves del tarot

Escrito por Aylin Zúñiga / @vuelo.serpenteante

Saberse “mujer salvaje” es aceptar que nuestra existencia es al unísono con la tierra y otras múltiples dimensiones, invisibles a nuestro entendimiento. Esta guía pretende ser una orientación hacia el encuentro con nuestro ser salvaje, lo que es esencial para nosotras. Sin embargo, no podemos avanzar hacia ese encuentro sin reconocer que existe un contexto que obstruye nuestra experiencia con la naturaleza: Es un gran desafío mantener cualquier tipo de equilibrio bajo un sistema que nos violenta tan sistemáticamente.

Liberarnos de esto conlleva no solo enfrentar el miedo a lo que más fuertemente nos oprime, sino también hacernos cargo de las consecuencias y traumas que eso nos ha dejado. Tal como un animal herido, confundidas y dolidas, encontramos la fortaleza para ponernos de pie esperando poder regresar a casa. Lo que nos guía de vuelta es nuestro espíritu, y a través de la intuición logramos apreciar nuestro valor y sanar para volvernos cada vez más libres, sabias y auténticas. 

En este camino reconocemos nuestros poderes, dones y fortalezas, no sólo para sobrevivir a la hostilidad del sistema, sino que para participar en el mundo y transformarlo. El retorno es también un encuentro con nuestro lugar en el mundo, nuestra tribu y el territorio que nos acoge. En este texto abordo tres preguntas que han sido respondidas gracias al tarot madre paz. Espero sea tan visible para ustedes, como lo es para mí, la magia que se aloja en el sentido de las respuestas.

Toma esta guía como un mensaje personal, pero también observa cómo va resonando con el proceso de despertar colectivo: Todas juntas vamos pulsando un cambio. 

¿Qué nos guía hacia nuestra mujer salvaje?

La arcana XI, La Fuerza, nos habla del encuentro con nuestro ser animal y nos invita a poner atención a nuestras cualidades instintivas: El olfato, la intuición, y todo aquello que nos estimula, apasiona e impulsa. Nos pide además hacer consciente la relación patriarcal que existe entre nuestra mente y cuerpo. ¿cuánto espacio le damos a nuestros deseos? ¿Cuánto validamos nuestras corazonadas? ¿Sentimos remordimiento o vergüenza de ciertos deseos e impulsos?. 


Para desmantelar la dinámica patriarcal que nos habita, es necesario observar nuestras creencias al respecto. Hemos sido educadas bajo la idea colonial de que lo salvaje es inferior, y que necesitamos establecer un dominio sobre ello. En consecuencia, cedemos gran parte del poder de nuestro mundo interno a nuestro intelecto para que nos gobierne. Pareciera ser peligroso desatar algún deseo “indebido” o moralmente incorrecto. Lo cierto es que en la negación y el exceso de control reprimimos una serie de necesidades del alma que nos dan señales de nuestra naturaleza más auténtica. 


Nuestra naturaleza salvaje es indómita, no comprende de moral, es necesario aprender a  escucharla y darle espacio, apegarnos menos a los juicios para que de esta manera las partes que nos conforman aprendan a comunicarse y coexistir en un mismo territorio, ninguna bajo el dominio de la otra.

¿Qué nos sugiere potenciar?

Luego de abrirle camino a nuestros impulsos, nos encontramos con el Siete de Bastos, la liberación de nuestra energía sexual, nuestra potencia vital y creativa. Representa una salida, un encuentro con el mundo externo El Siete de Bastos nos habla de una energía altamente movilizadora y confrontacional, se le asocia al fuego y se asemeja a la explosión de un volcán, una guerra o una enorme liberación sexual/creativa.

¿Cómo potencio entonces a mi mujer salvaje? Por un lado, fortaleciendo el contacto con nuestra sexualidad y la expresión de aquello que me hace gozar, ya sea en el plano erótico o en cualquier otro espacio fertil que active mi pasión y deseo por la vida. Simboliza también atreverse a actuar de manera intrépida y expresarnos abiertamente para tomar el lugar que nos corresponde en el mundo. Asimismo, es un llamado a despertar a nuestra guerrera interna. La convicción, el coraje, la rabia y la violencia, son cualidades y sensaciones que activan nuestras defensas cuando nos sentimos en peligro, por lo que debemos aprender a integrarlas.

¿Cuál es su horizonte, hacia dónde se dirige nuestra mujer salvaje?

El horizonte de la mujer salvaje está representado por la arcana VIII, la Justicia. Guardiana del equilibrio, su labor es restablecer el orden sagrado de las cosas. Nuestra labor en La Justicia es entonces reconocer el valor espiritual de nuestro territorio y resguardarlo. Nuestro territorio es nuestro centro, el lugar al que podemos volver, aquel que nos da refugio y vida. Nos pide entonces cuidar de nuestra cuerpa -el espacio que habitamos, nuestra madre tierra-, de cualquier depredador que intente traspasar sus fronteras para violar o usurpar su sacralidad. 

Pero, ¿Qué implica realmente establecer límites? Decir NO, negarnos a lo que no deseamos, separarnos o distanciarnos de aquello que nos perjudica más de lo que nos nutre. La Justicia es precisamente aquella figura que devela el abuso ¿Cómo podríamos apelar a la armonía si al mismo tiempo estamos siendo vulneradas? Esta energía evoca también a una madre severa que nos invita a poner límites, tal como lo haría cualquier criatura salvaje en defensa de sus crías. Diría entonces que el horizonte de nuestra mujer salvaje es ser a semejanza de la tierra, madre y maestra de lo salvaje. Es decir, comprender profundamente el valor de la vida y defender nuestra naturaleza y lo que sostiene su equilibrio.

Preguntas que podrían ser útiles en tu proceso de reencuentro:

Las preguntas formuladas a continuación podrían servir al proceso terapéutico de reencuentro con tu mujer salvaje. Respóndelas en tu mente o escríbelas, en soledad o con amigas. Intenta no juzgarte ni ponerte en duda si las respuestas no son lo que esperabas. Úsalas para conocerte y observar tu realidad.

-¿Qué considero sagrado en mi?

 ¿Qué significa cuidar de mi misma? ¿En qué espacios me siento segura ?

-¿Cómo reconozco cuando algo me está haciendo daño?¿Se me hace difícil tomar distancia de eso?

-¿Logro visualizar situaciones en mi vida que han sido abusivas?¿Me he planteado hacer justicia? 

-¿Reconozco situaciones que me generan motivación y goce? ¿Me doy cuenta cuando estoy haciendo algo por deber y no por placer?

-¿Reconozco en mí una voz que se opone y/o cuestiona mis impulsos y deseos? 

-¿Comprendo el valor de mi opinión y presencia en los espacios que comparto con otras personas?