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María Nadie - Nostos Erráticas

@aveces.maria es socióloga de profesión, investigadora botánica por pasión y artista por decisión. Actualmente trabaja enseñando e investigando la manufactura de las hierbas medicinales mientras se dedica a explorar la escritura y fotografía como herramientas para sobrevivir este presente, y como una necesidad de memoria en una sociedad del olvido.

“En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa “sufrimiento”. La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar». En esta cita de Milán Kundera se expresa el sufrimiento que causa no poder regresar. Y esto puede tener miles de matices y reflexiones. 

“El cuento Nostos habla de la reconexión con una misma desde experiencias que suenan socialmente negativas, pero finalmente tienen una consecuencia positiva al poder mirar y preguntarse sobre el ser. Es difícil, porque cuesta regresar a una, y para ello necesitamos una pausa, y la mayoría de las mujeres adultas nos negamos esas pausas, ese descanso, por lo que llegan de manera fortuita o en contextos altamente inesperados. Pero benditamente necesarios. Creo que es importante poder llevar nuestra magia a los rincones más invisibles y cotidianos para poder luchar con nuestras propias nostalgias, y ser capaces de ver nuestro poder en los momentos más oscuros y reales también como una oportunidad de regreso, pero hacía nuestro interior más esencial”.

NOSTOS ERRÁTICAS

“En griego, «regreso» se dice nostos. Algos significa “sufrimiento”.
La nostalgia es, pues, el sufrimiento causado por el deseo incumplido de regresar”

Milán Kundera, La ignorancia.


Sabía que enfermaría tarde o temprano. Yo misma lo predije: »El día que termine de construir mi casa (o medio construir) y me cambie a vivir para allá, enfermaré». Y enfermaré no por deseo, ni por mala costumbre o por miedo a abandonar mi nido. No, nada de eso.

Simplemente mi cuerpo habrá descansado luego de muchos años haber estado trabajando inhumanamente ¿Cómo? El incesante esfuerzo de llevar una vida libre de violencia misógina – violencia patriarcal como la llaman mis camaradas – hizo que me convirtiera en el padre proveedor de mi familia, llevando cargas visibles e invisibles inhumanas en mis torpes hombros y mi fuerte espalda. El sueño desmesurado y vida valiente y salvaje como me hacían llamar mis camaradas – un callejón sin salida más bien diría yo – de poder sedimentar un hogar para poder descansar en algún futuro cercano era una necesidad concreta. Sabía que enfermaría cuando llegara el momento del descanso. Yo misma lo predije, yo misma no quise escuchar. 

Supe hace un tiempo que la gente enferma como consecuencia de otra cosa, no como una causa. Y que venían precisamente en los tiempos de vacaciones y descanso. Tenía miedo de enfrentarme a él no lo niego (al descanso me refiero) por eso lo evité constantemente. Y si hubiera podido, seguiría evitándolo. Pero me encontró. El descanso y la enfermedad, me encontraron.

Al principio no sabía bien cómo reaccionar, porque siempre he tenido un don para llenarme la cabeza – y por ende en este caso también mi cuerpo – de quehaceres a fin de terminar exhausta al término del día. Esa necesidad de movimiento constante en un tiempo imperfecto hacía y hace el contexto un espacio de seducción casi imposible de negar – para mí por lo menos -. Volverme productiva en tiempos de transición hacia la adultez fue para mí, una escapatoria excitante de un posible futuro eterno de escasez y pobrezas emocionales (más allá de las culturales y económicas de la que la mayoría somos parte).


Quizás por eso me apena enfermarme (y enfrentarme). Porque me siento inútil (¿Será?) O porque me toca enfrentarme sola con mis monstruos (que no son pocos, por lo demás). Por lo mismo también he intentado llevar una vida ingenuamente sana dentro de lo insalubre de la vida. Pasaron varios años sin que enfermase de esta manera, claro una que otra baja de defensa, entremedio la reinstalación de la dictadura chilena, el caos de la sociedad, una que otra angustia por la incertidumbre de nuestros porvenires, pero más allá, debo decir con orgullo que gozo de buena salud. Y me rodeo de buenas personas, que es tan importante en tiempos de fascismo.

Creo finalmente, que esta nostalgia del enfermarse provenga de este sentido de inutilidad ¿Pero que no es acaso la inutilidad uno de los más bellos aconteceres que pueda llegar a codiciar cualquiera que desee conocer lo sublime de su propia belleza? Quizás por eso me da miedo. Una vez escuché en una clase que lo útil solo servía para algo en específico. Era útil porque servía, en resumidas cuentas. Finito. Puede llegar a ser incluso lo mejor en algo específico si se es útil. Algo como el éxito me imagino, para lo que nos han criado.


Lo inútil, sin embargo, no dota alguna cualidad específica y en resumidas cuentas es inútil porque no sirve para algo en concreto. Pero al ser negación para algo es afirmación para otra cosa (ya que todo es desde la teoría hasta la práctica, dual) y ésta es que lo inútil pueda no ser la mejor en algo en concreto, porque no lo necesita, porque su gama de posibilidades es infinita. Infinita. Sirve para su esencia. O sea, para múltiples cosas. La música, por ejemplo, es inútil. No se creó con un fin en específico, ya que siempre ha existido. Y si en algún momento de la existencia alguien ha creado una música con el fin de etiquetarla en algo o para algo, créanme que no lo ha conseguido. 

Porque la música es infinita. 

Abismante y desconocida. 

Y tú también.

 Y yo también. 

Sólo que nos han hecho creer otra cosa. 


Y aquí estoy, descansando obligada a partir de la enfermedad que sabría que vendría pero que quise evitar, porque antes me daba tristeza enfermarme porque confundía el ser inútil con una melancolía inefable. Y también por eso quería evitarlo, porque sabía que venía el descanso tan esperado y que yo quería ser distinta a lo inútil forzando mis movimientos salvajes hasta volverlos erráticos, mi instinto se fue apagando y mi cuerpo exigió su quietud. Al fin, en el camino fui contemplando la belleza de lo inútil como un destino galáctico y lejano que tendría que enfrentar – además de mis monstruos -. 

Y aquí me siento con el destino cercano y terrenal. 

Infinito y abismal.

María Nadie