EDITORIaL n° 2

Luchas territoriales I*: Conflictos socioambientales

En nombre del progreso económico, el capital arrasa con todo lo que toca. Esta premisa ya no es novedad para nadie. Hemos normalizado la violencia estructural de este sistema que explota nuestras cuerpas y las obliga a someterse a sobrecargas físicas y emocionales, a cambio de sueldos que no alcanzan para llegar a fin de mes. Nos sentimos abatidxs, y cuando logramos detenernos un poco a mirar la vida que llevamos, es porque ya estamos irremediablemente enfermxs y sin fuerza, o porque algo fuera del control de la gran maquinaria sucede (una pandemia mundial, por ejemplo), develando las estructuras absurdas que la sostienen, junto con la diferencia abismal que existe entre los ritmos de la naturaleza y los ritmos de la explotación capitalista. 

La pandemia en sí misma es uno de los resultados de ocultar el efecto que tiene destruir la vida silvestre ¿Qué pasaría si nos importara más preservar la vida humana y la naturaleza que la economía global? (entendiéndose la economía como el crecimiento del capital y los intereses económicos de los grupos de poder). Nos han convertido en peones de un sistema que se sostiene gracias a la depredación de la tierra, los recursos naturales y la explotación de las personas en pos de la ambición de unos pocos. La era de la colonización humana es parte de la historia de los pueblos de Abya Yala, y nunca terminó. 

El proceso de creciente urbanización de los países de Latinoamérica, junto con el surgimiento de megaproyectos energéticos, extractivistas e inmobiliarios (generalmente de capital extranjero), se ha convertido en una de las principales causas de conflictos socioambientales. Estos millonarios negocios han mermado – en algunos casos lenta y en otros abruptamente -, la vida natural y la salud de distintas comunidades y territorios. Con el objetivo de someter social y económicamente a estas comunidades, muchos de estos proyectos han maquillado sus intereses tras la generación de empleos, oportunidades de inversión y desarrollo, responsabilidad social empresarial o sobornos a organismos que deberían fiscalizar y velar por la transparencia de su actuar. 

En los casos más extremos, se han realizado amenazas de muerte y/o asesinatos a sangre fría a luchadorxs sociales, lo que en algunos casos también se hacen pasar por suicidios que se producen bajo extrañas circunstancias que nunca se aclaran. Las muertes de activistas como Macarena Valdés (2016), Juan Pablo Jimenez (2013), Alejandro Castro (2018), Alex Muñoz (2018) y Emilia Milen (2021), son solo algunos ejemplos de muertes asociadas a conflictos socioambientales. 

Ilustración: Ana Carrillo Tureo

El año 2012, el Instituto Nacional de Derechos Humanos comenzó a trabajar en un mapa que catastró los conflictos socioambientales que se han producido a lo largo del país desde una perspectiva de Derechos Humanos. En líneas generales, dicho mapa buscaba reunir información sobre las circunstancias y/o sectores productivos que desencadenaron los conflictos, las partes involucradas, territorios donde ocurren, derechos humanos que se han transgredido y su evolución a lo largo del tiempo. 

A través de una metodología de caracterización y clasificación, hacia el año 2018 (año de la última actualización del mapa), existían 116* casos de conflictos a lo largo del país en distintos estados (65 activos, 30 latentes y 23 cerrados). Valparaíso, que durante décadas ha sido víctima de procesos de colonización del territorio a partir del avance del extractivismo -consecuencia de un modelo económico capitalista y patriarcal-, según este catastro es una de las regiones que presenta la mayor concentración de conflictos socioambientales del país (21), encontrándose 16 en estado activo, 3 latentes y 2 cerrados. 

Sin embargo, un diagnóstico realizado este año por MODATIMA Valparaíso – Marga Marga, determinó que existen al menos 38 conflictos socioambientales en la región (es decir, 17 más de los identificados por el INDH), clasificados según actividad: hídrica, portuaria, agropecuaria, minera, conectividad vial, energética, inmobiliaria, problemas habitacionales y de residuos/contaminación. Gracias al trabajo conjunto de Modatima Valparaíso – Marga Marga, Cooperativa Enjambre y Revista Erráticas, este catastro inédito será presentado por primera vez a través de un mapa / infográfico, que servirá como insumo para desnaturalizar y visibilizar la situación crítica que vive la zona central. 

A pesar de que organismos nacionales e internacionales consignen la violación a los derechos humanos en estas comunidades, los intereses y ambición empresarial – amparados y protegidos por leyes creadas a su medida-, siguen explotando y diezmando los ecosistemas, envenenando y matando a la ciudadanía con total impunidad a vista y paciencia de las personas. Además, las instituciones que deberían regular y establecer normas mínimas que aseguren el buen funcionamiento de estas empresas/industrias, ponen trabas y claves técnicas que ralentizan procesos de denuncia, sectorizando los conflictos para hacer más difícil su resolución.

¿Cómo levantar luchas colectivas por la defensa de los territorios antes de que sea tarde? ¿Cómo asumir dicha defensa si no nos han enseñado a conectar espiritual y/o físicamente con la tierra que habitamos como parte de nosotrxs mismxs? Quizás sea momento de dejar de normalizar la relación de dominación y explotación que ha ejercido el capitalismo sobre nuestras vidas -y que también contribuye a que se mantenga el status quo-, para poder encarnar una verdadera lucha y detener su avance. Reforzar nuestro vínculo con la naturaleza será clave en este camino.

Durante este mes, viajaremos por la región para entrevistar a mujeres y cuerpas disidentes que están encarnando una lucha contra el asedio y explotación en sus territorios y cuerpas. Tensionando las lógicas del sistema extractivista patriarcal -que organizado bajo una división social y sexual del trabajo destina a las mujeres principalmente a las labores de cuidado, reproducción o explotación laboral precarizada-, ellas han decidido organizarse para asumir la defensa de sus comunidades y de la vida en su conjunto. 

A través de sus relatos, entenderemos cómo se han desarrollado estos conflictos, quiénes son los responsables de esta masacre a los ecosistemas y la vida, cómo se viven los procesos de resistencia y cuáles han sido las armas organizativas, educativas y judicializadoras que han utilizado defender el buen vivir y resguardo de la vida, salud y medioambiente de sus comunidades. Además, compartiremos reflexiones y conceptos que esperamos sirvan de aliciente para que en todo el territorio se levanten, al igual que estas mujeres y cuerpas disidentes, otras guardianas y guardianes dispuestxs a defender la vida en la tierra. 

 

*Nota del autor: Atendiendo a la tradición geográfica y latinoamericana de la conceptualización de territorio -que lo reduce sólo una categoría analítica, es decir, que conceptualiza solo el espacio geográfico-, hemos decidido separar en cuatro números las luchas territoriales de la región, adhiriendo a la conceptualización de Milton Santos, quien señala que existen cuatro grandes dimensiones/ perspectivas asociadas a este concepto: ambiental, económica, social y cultural. Estas categorías permiten ampliar el espectro y considerar de manera integral factores y dinámicas que se dan dentro del territorio (relaciones de poder, historias, contextos, cultura, etc).