El recado del agua

Texto por Aylin Zúñiga Rubilar/ Ilustración por Rubbi Troppa

¿Cómo habla el agua? 

Su lenguaje es canto, vibración profunda que trasciende la temporalidad, hilando pasado, sangre y anhelo de ser.

 

Si las aguas tuvieran que tomarse la palabra, este sería el momento. Apremia romper pactos antropocéntricos para volver horizontal la comunicación con la vida e intentar escuchar lo que se nos está pasando por alto. Se enciende una alerta de muerte ante la escasez y quienes somos humanxs, no tenemos otro camino que empezar a despojarnos de  nuestros privilegios.

Aquí donde vivo, el agua y la tierra son privadas. La rabia me despierta fantasías en las que todxs abandonamos nuestros quehaceres para abogar por su emancipación, como si nada fuera más urgente. En pensamientos más realistas, cuestiono mis acciones, mis no acciones y el sentido de mis prioridades: ¿Al servicio de qué o quién está puesta mi energía? ¿Cuáles son las herramientas que me permiten ser activista de mis principios? Me pregunto cuál es mi rol y el del resto de la gente en esto, si hemos entendido bien las  coordenadas para poder interceder en defensa de la vida.

Abrí mi corazón para hacer la pregunta y pedí dirección al aire, pero quien se animó a responder fue el agua. Luego de hacer evidente su presencia mediante símbolos, visualicé ante mí el rostro de una mujer de piel oscura y rasgos antiguos. Su postura era prudente, su ánimo templado: se presentó como una guardiana del agua. 

Le fui haciendo preguntas, y a partir de sensaciones e imágenes, encaucé e interpreté las respuestas que verás plasmadas en los siguientes párrafos.

Ilustración: Rubi Troppa

¿Cuál es su visión sobre lo que está ocurriendo hoy?

Estamos asistiendo a la construcción de una nueva humanidad, la posibilidad de existir de otra manera, en ello es fundamental retomar el valor de lo sensible y la conexión con lo espiritual.

¿Qué se entiende por espiritualidad y cómo podemos conectar con ella?

Espiritualidad es relacionarnos con aquello que nos rodea, con conciencia de que el vínculo que nos une es infinito y sagrado. Contactarnos con lo sutil para empatizar con lo que coexiste junto a nosotrxs. Darnos cuenta de que lo que está fuera es parte de lo que somos,  y que a su vez somos parte de ello. Nuestra fuente más cercana de conexión espiritual, además de los vínculos humanos, es el vínculo con la tierra; hemos de reconciliarnos con ella y dejar de estar ajenxs, entrar en sintonía con su inteligencia es esencial a nuestro encuentro con lo espiritual.

La humildad es clave, al encontrarnos con nuestra naturaleza infinita aceptamos también nuestra existencia efímera en la tierra, estamos de paso con una misión cuyo sentido se aloja como un misterio en el corazón. Hemos de aprender a volvernos receptivxs, escuchar, dejarnos ayudar y orientar por los espíritus más sabixs, para que puedan guiarnos hacia nuevos caminos. 

Para reconocer nuestra sabiduría, hemos de entender que las respuestas que buscamos no siempre se presentan en un lenguaje conocido.

¿Qué podemos hacer para que termine la depredación? ¿Cuál es el llamado que se hace a la humanidad en este momento?

Las estructuras de poder en base a la dominación son la sombra del planeta, y forman un engranaje que se sostiene a través del sometimiento y la desigualdad. Esto es devastador para la tierra y todo lo que la habita, pues la fuerza de vida es su sustento. 

Somos responsables de la depredación del planeta al no hacer conscientes nuestros hábitos de dominación, o al mantenernos subordinadxs a otrxs que nos obligan a hacerlo. 

Ser consciente implica problematizar las relaciones de poder, hacer evidente su carácter destructivo y, por otro lado, dejar de formar parte de esa cadena. 

Somos la fuerza que mantiene eso que no nos gusta del mundo en pie, la mano de obra de quienes hoy se encuentran en las cúspides vigilando y dando órdenes: tenemos que dejar de construir sus edificios. 

Dejar de formar parte de esa cadena significa hacernos conscientes de nuestra relación con la vida. Esto implica un camino de transformación y crisis, no hay que resistirse a esos cambios, hay que sostener como mejor podamos ese desarme. 

Desprendernos para transformarnos es nuestra ofrenda y el mayor compromiso que podemos hacer con la tierra hoy.

¿Qué podemos esperar de ese proceso?

La crisis abrirá paso hacia nuestras dimensiones espirituales, porque nos permitirá entrar en nuestra vulnerabilidad y buscar la estabilidad en las raíces. Nos permitirá conectar con un sentido más profundo de nuestra existencia, desde donde comenzaremos a construir lo nuevo.

Lo más difícil de sostener es la caída. Sin embargo, las ruinas son una oportunidad de libertad, nuevas claridades y nuevos deseos de rearmarse irán emergiendo.

Este no es un proceso lineal, todo lo nombrado ya está ocurriendo en paralelo, es decir, la destrucción y el surgimiento de nuevas construcciones y formas de vincularnos ya están sucediendo. 

¿Cuál es el camino para defender la tierra?¿Con qué herramientas contamos?

Hemos perdido potestad sobre los espacios que están siendo transgredidos, dividiéndonos y alejándonos de la posibilidad de actuar organizadamente. Muchxs no se sienten parte de ningún territorio o grupo humanx, no comprenden aún el valor de su origen, son indiferentes. Aún así hay guardianes y guardianas (humanxs y no humanxs), designadxs en cada territorio, y quienes deban cumplir ese rol están siendo -o serán- convocadxs a accionar en la defensa de ciertos lugares, aún cuando estos no sean sus territorios de origen.

El proceso de reestablecer el equilibrio de la vida en el planeta será complejo y no inmediato, porque implica una gran transformación y todxs tenemos la posibilidad de formar parte, aunque no seamos protagonistas. Cada quien tiene un rol por descubrir y se sentirá llamadx a encarnarlo en la medida en que se aleje de la indiferencia.  .

Todxs tenemos la posibilidad de estar al servicio de la tierra, como guardianxs o ayudantes, cada quien ha de ir encontrando una forma de involucrarse a favor del proceso dentro de su rango de acción, en sus espacios. Todxs poseen herramientas para contribuir y, en la misma acción, estas se irán desarrollando o despertando.

La conciencia de unión es también una herramienta clave: hay que buscar trabajar en conjunto.

¿Cómo podemos hacer para concientizar a otrxs para que se unan a esa lucha?

Cultivando la convicción de nuestra verdad más auténtica, y compartiéndola para que otrxs puedan resonar con ella. Quienes escuchen y se identifiquen se irán sumando voluntariamente. Promover la libertad como principio es también fundamental. Si no soy capaz de ver mi propio valor y resguardarlo, no podré ver lo que tiene valor fuera de mí, ni mucho menos sentiré la necesidad de protegerlo. Quienes no tomen conciencia de estar oprimidxs no podrán ver la urgencia del cambio, ni estarán disponibles para hacerse parte del proceso. 

¿Cómo podemos detener a quienes toman decisiones a favor del poder?

Se aconseja unificarse para visibilizar, custodiar y construir, pero no poner energía en generar una lucha contra ellxs. Su barco se está hundiendo y de a poco pierden poder. Es como si una nueva capa de piel estuviera creciendo y ellos fueran la capa antigua: a medida que las células nuevas se van desarrollando, es natural que la capa antigua se desprenda.

No será inmediato -aunque ya es visible la crisis-, y nos tocará enfrentar las consecuencias de ese cambio.

¿En qué podemos encontrar esperanza y refugio?¿Cuál es el mensaje final?

Vivir este proceso en el presente, desde el corazón y en unión. Mucho de lo que aún no comprendemos se irá aclarando en el camino si nos disponemos a aprender con todos nuestros sentidos.

Profundizar en nuestro vínculo con la tierra es vital, su fuerza nos acompaña y guía, nos nutrimos de ella, así como ella de nosotrxs. 

Hay mucho que reparar, no podemos olvidarnos de que los desafíos externos se encuentran también en nuestro interior. Hay que poder mirar y conectar hacia adentro, ser guardianxs también de las aguas que nos habitan, cuidar que no se contaminen. Nutrir nuestra sensibilidad mediante la belleza, la creatividad, el arte y la ritualidad.