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La Violación Fundacional que no podemos seguir reproduciendo – Lilit Herrera

Lilit @lilit.herrera_, kawinsadora, Bataclana y Travesti (Extra)Ordinaria, nos presenta “La violación fundacional que no podemos seguir reproduciendo”, un texto que cuestiona cuáles son los sentidos comunes que estamos empleando en la defensa territorial, invitando a repensarla más allá de aquellos que se nos brinda respecto de un territorio en particular. 

“Pues existe una violencia originaria que nos permea, que urge visibilizar para no reproducirla más. Por tanto, no puede haber defensa territorial, sin defensa de nuestros cuerpos. Pero, ¿cómo estamos entendiendo éstos? ¿Sabemos de dónde venimos?.

La Violación Fundacional que no podemos seguir reproduciendo (1)

“Yo que estaba en el barco, me tomé una bellísima Caníbal que el almirante graciosamente quiso regalarme. Me la llevé a la cabina, donde viéndola toda desnuda como a su usanza, me vino el deseo de divertirme con ella. Y queriendo dar cuerpo a mis ganas, ella que no quería, se defendía con las uñas en tal modo, que me arrepentí bien rápido de haber comenzado. Visto que no podía comenzar para darle conclusión a la historia, agarré una cuerda y la azoté tanto que ella gritaba con chillidos inauditos, de una violencia increíble. Pero después, para terminar, conciliamos tan bien en la necesidad amorosa que parecía estar amaestrada en la escuela de las bagazo—Prostitutas, vagas, vulgares” (1)

Michele da Cuneo

Ay niña, a propósito de escribir para este número dedicado a las luchas territoriales, me parece muy necesario hablar de esta Violación Fundacional que se describe en la escalofriante cita anterior. Y que se reactualiza en nosotrxs una y otra vez, dado que nos construyó el actual Orden Civilizatorio. Pues, la defensa territorial, a mi entender es la descolonización de nuestras propias existencias, nuestros propios territorios

Y es que este acto violento, concerniente en dominar, subordinar, tomar y depredar. No solo viola cuerpos, de ésos que te enseñan en el colegio, sino que territorios. Lo plantearé así: sin violación de territorios, no puede explicarse la violación de cuerpos y viceversa. Y ¿Quiénes sufrirán directamente esta violencia y por qué? 

Para entrarle, quisiera invitarles a viajar por dos cuestiones que me parecen fundamentales: La infantilización y feminización de les seres que habitaban estas tierras a la llegada de Cristóbal Colón ¿Cuáles han/hemos sido históricamente?

Inmediatamente, señalar que la construcción de la raza, en principio como una línea divisoria entre conquistadores y conquistadxs, terminó por constituir a un humano relativo. Será éste lx penetrable, y en consecuencia lx violable. 

A la vez que se producía lo anterior, por una parte, nos encontramos con la infantilización, la cual hizo creer que aquellxs seres necesitarían la tutela de sus conquistadores. Sin embargo, la infancia es una etapa en la vida que, como tal, ha de concluir en un determinado momento para dar paso a otra de mayor desarrollo: el niño se transforma en hombre. No obstante, aquí viene la otra parte: la feminización de lxs seres de estas tierras. 

La llamada feminidad, como el otro elemento, se sitúa como lo subordinado, lo indeseable, frente a un solo tipo de masculinidad (violenta), a la cual los hombres debían aspirar a no perder u obtener. Una que, en palabras de Preciado, se vuelve una verdad anatómica; la que en un mundo binario, implica una totalidad que ha de excluir a todo lo que no sea ella. En definitiva, si no se es hombre se es mujer. Y estos indios, como les llamarían los conquistadores, no eran como ellos. No solo se pondría en duda su condición de humanos al comienzo, sino que luego serían transformados en lo que Francesca Gargallo llamará Mujer Social. 

A través de estas distinciones se va imponiendo un Orden Simbólico en donde, todo lo relegado a lo femenino. O sea, lo no hombre, sería dominable, subordinable, abusable, penetrable, al igual que lx infante. Niñxs y mujeres, en tal sentido, somos todxs. Modelo que se ha replicado en la constitución de la República y en general, las diversas comunidades que habitamos en la época moderna. Y por ende, en nuestras prácticas cotidianas y políticas: llegar e imponer a una reunión, es igual a llegar y arrasar un territorio. Porque el espacio rebosante de ideas, queda reducido a una única posibilidad; cual si se implantara un monocultivo.

Es decir, La Violencia que nos fundó, no puede desligarse de la violencia que depreda nuestros territorios. En tal sentido, al lanzarnos en la defensa del territorio:  invito a preguntarnos ¿Qué estamos defendiendo en específico? Y a la vez, pensar en la figura del Ecocidio, del cual todxs formamos parte. Porque como lo habláramos con la Karin en algún palabreo, hay un colonizador dentro de todxs. 

Por ejemplo, en mi caso, si bien yo cumplo con las características de cuerpo violable, hay otros cuerpos que también ¿Y qué hacer frente a ellxs? En mi adolescencia e infancia, fui parte de un grupo de normales a ratos y desde allí violenté, pero indudablemente, ocupé más tiempo de mi vida en el bando de seres anormales padeciendo la violencia directamente.

¿Puedo ser una travesti normal? Sí puedo, pero no quiero. Tendría que comprenderme transexual o transgénera. Aunque allí, en la condicionalidad se encuentra El Colonizador. Ese mismo que en mi interior me hacía disfrutar del porno heterosexual que vi por años. Uno que se constituía en  performance de la Violación Fundacional.

¿Quién me dice a mí que no violaré a otro cuerpo, otro ser? Yo podría asegurarlo ahora, pero ¿siempre habré podido? Yo, sociabilizado niñito, con esa violencia allí, latiendo muy peligrosa y destructivamente ¿Qué ocurre con, al decir de Rita Segato, nuestro Ojo Pornográfico, que todo lo depreda?

Uno que nunca ha sido exclusivo de los hombres cis heterosexuales, aunque a ellos se les enseña a reproducirlo y gozarlo abiertamente. Indudablemente, por plantearlo así, han ocupado más el lugar de victimarios, en cuanto la necesidad de reafirmar su propia masculinidad. Ciertamente, no caeré en el absurdo de negar una violencia que es estructural, que sí nos mata a unxs, mientras que otros jamás serán asesinados por ser hombres, por haber vuelto la masculinidad una verdad anatómica. Sin embargo, y considerando lo que plantea Gargallo de la Mujer Social, el “hombre indio”, ¿Qué tan hombre es? ¿En nuestros espacios, no existe esta masculinidad hegemónica, que es así de violenta? 

Cuando hablo de nuestros espacios, me refiero en los que una solía organizarse -personalmente, estoy alejada de todo tipo de organización desde hace unos meses. Allí se ha hablado del espacio seguro. La fórmula: no permitir la entrada a hombres cis heterosexuales. Sin embargo, siempre oían acusaciones de acosos, abusos, violaciones perpetrados por personas disidentes sexuales, trans, travestis, etc. Y es que la masculinidad hegemónica del Colonizador, nos habita y nos lleva a arrasar con todo eso que entendemos como lo otro, pero desde nuestro lugar del YO

La lucha territorial, del todo relevante, también debe librarse en nosotrxs. Porque es ésta una Violación Fundacional que no podemos seguir reproduciendo.

(1) Texto original publicado en www.tualdea.cl bajo el título “Violador se escribe con X”, modificado para efectos de esta convocatoria

  1. Cita en carta escrita por Michele da Cuneo a su amigo Jerónimo  Annari, en el contexto del segundo viaje de Cristóbal Colón a la, arbitrariamente, llamada   América, en 1493. Análisis disponible en:

https://www.academia.edu/4197140/_De_can%C3%ADbales_etn%C3%B3grafos_y_evangelizadores_versiones_de_la_otredad_en_tres_cartas_del_descubrimiento_


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