conflictos socioambientales

Parque Industrial Ventanas, Zona de Sacrificio

Si pensamos en una genealogía del Parque Industrial Ventanas (PIV), observamos que está profundamente ligada a la historia económica del país, y en consecuencia con el olvido estatal del cuidado al medio ambiente en beneficio del llamado “desarrollo”. 

El sector geográfico de la bahía de Quintero-Puchuncaví-Ventanas fue el lugar elegido para instalar un parque industrial a fines de 1950, en pos de consolidar un foco económico regional. Se creó bajo el discurso del desarrollismo nacional enfatizando a las empresas estatales. Aquí se instala Chilectra y Enami. Luego en la dictadura cívico-militar y sus políticas neoliberales se propició el boom minero, a partir de una necesidad energética profunda. Esto generó el escenario ideal para su expansión con empresas nacionales y multinacionales. Es decir, desde su instalación no ha parado la proliferación de industrias, contando hoy 21 empresas radicadas en la zona.

En ese escenario actual con un sistema económico neoliberal y con una actividad productiva del país principalmente extractivista, el PIV se consolida como un polo energético, refinación e industrial primordial para el desarrollo nacional. Al igual que hace 60 años, el PIV sigue proyectándose como central sin mirar de manera seria sus efectos ambientales y sociales. La normativa ambiental ha sido armoniosa para este proyecto, con regulaciones excesivamente laxas acordes a este modelo, lo que ha permitido a las empresas operar sin grandes obstáculos, en términos de niveles de emisión de gases contaminantes, daños ambientales, mitigación y participación ciudadana en proyectos. 

El rol del Parque Industrial Ventanas como proveedor de energía a la gran minería y las actividades de refinación de cobre y petróleo conectan al parque con actividades extractivistas que se destacan por depredar y dañar de manera contundente a los territorios. El extractivismo y sus enclaves no son solo la actividad extractiva misma, si no las actividades que forman parte del engranaje de las commodities. Como enclave ha provocado efectos secundarios degradando espacios físicos, biodiversidad, y también entornos sociales.

Los pilares energéticos del PIV, las cinco termoeléctricas a carbón en el sector, se han identificado como la fuente de energía más rentable, pero más contaminante del planeta y con graves consecuencias a la salud de la población. El funcionamiento de estas involucra emisiones de dióxido de carbono, gas efecto invernadero que más contribuyen al calentamiento global. En Quintero los sistemáticos derrames de carbón han contaminado las tierras, el suelo y el mar. El agua de mar ingresa a las termoeléctricas para enfriar las turbinas y es devuelta  con químicos, carbón y con altas temperaturas. 

La construcción del territorio ha sido monopolizada por las empresas estatales y privadas con la venia del Estado, lo que posibilita observar lo permisible que han sido los instrumentos de planificación y gestión. Los espacios de recreación, áreas verdes y el uso de lo público ha quedado en un segundo plano considerando el avance industrial en todo el territorio junto con limitar el uso de los espacios sociales debido a la contaminación. Es paradigmático que todavía existan 754 hectáreas con uso de suelo para actividades industriales. 

Se han estudiado los efectos del arsénico y azufre en los suelos que faceto la actividad agrícola. También se ha catastrado la presencia de metales pesados en el aire y suelo. El mar es sujeto de descarga de residuos, de carbón, de metales pesados que se impregnan en la fauna marina que obstaculizan su consumo humano. 

Hoy en día se ve poco de esa antigua economía, situación que convive con uno de los niveles más altos de pobreza de ingresos de la región teniendo a Puchuncaví con 8,6% y pobreza multidimensional con los porcentajes más altos de la región, a Puchuncaví con un 27,9%, luego a Quintero con un 26,9%, según la casen 2017. Esto contrasta con la imagen de desarrollo que se intenta proyectar con el Parque Industrial.

Se ha comprobado que la exposición a metales pesados y contaminantes presentes en la zona pone en riesgo la vida y el bienestar de las personas. Entre los principales efectos que identificó el colegio médico señalaron malformaciones, cáncer, insuficiencias respiratorias, problemas cognitivos, entre muchas más. Se ha comprobado que los niños han estado expuestos a cantidades fuera de la norma de azufre que ha afectado a su salud respiratoria. 

Si nos permitimos enumerar a las empresas para identificarlas, podemos contar: cuatro termoeléctricas a carbón (AES GENER), molienda de cementos (MELÓN), puerto granelero Ventanas, Planta de Lubricantes COPEC, Planta de Resinas Oxiquim, el terminal marítimo Oxiquim, la planta de polímeros Oxiquim, el terminal de combustibles, asfalto PACSA  refinería de petróleo (ENAP), refinería y fundición de cobre CODELCO, el terminal GASMAR mercado de gas licuado, y la minera Montecarmelo-Tocopilla-Catamutún. Esa cantidad de grandes empresas concentradas en la zona y los diversos rubros con efectos contaminantes nos permite dar cuenta de las diferentes afectaciones que provocan en el territorio.

Quintero Puchuncaví ha sido definida como una zona de sacrificio. Una denominación que permite exponer cómo las comunidades de escasos recursos reciben los efectos ambientales del funcionamiento de las industrias o actividades extractivas concentradas en dicho territorio, poniendo a las comunidades en situación de vulneración a sus derechos. Se les dice sacrificables debido a que se privilegia el desarrollo de una parte de la población a costa de otro. Con la instalación del parque industrial, Quintero Puchuncaví ha sido históricamente desestructurado, sacrificado, empobrecido, contaminado y afectado. Lamentablemente, llamarlo así es una manera de visibilizar, pero también de buscar justicia social y ambiental todo lo que han hecho.

Al inicio de la llegada industrial, los agricultores expresaron sus molestias públicamente en abierta oposición. Se mantuvieron hasta la llegada de la dictadura, que apagó toda llama de protesta en todo el país, y la zona no fue la excepción. Con la vuelta a la democracia y la reactivación de lo social, se comenzó a exigir mayores normativas y controles ambientales, ya que la población sufre la contaminación. Gracias a esas presiones en 1993 se declara zona saturada de azufre y material particulado. Con la llegada de los 2000, siguen las protestas ciudadanas y conformación de organizaciones sociales en defensa de sus territorios que reclaman por la contaminación, como las mujeres de los hombres de verdes.

Principales impactos socioambientales:

  • Pérdida de la actividad pesquera artesanal, la agricultura de subsistencia, pérdida de diversidad de cultivos y manejo de ganado.
  • Presión permanente a procesos forzados de migración de la población local

Pérdida de vida por cáncer, malformaciones, intoxicación por contaminación por metales pesados y material particulado entre otras enfermedades asociadas.

  • Contaminación de agua, suelo y aire
  • Alteración de ecosistemas  y pérdida de la biodiversidad local

Desde el año 1958 a la fecha, han sido 63 años de conflicto

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Principales actores involucrados

Salvemos Quintero

Centro Cultural Ventanas

Defensa Humedales Ritoque Mantagua
Mujeres de la zona de sacrificio en resistencia.
Sindicato de pescadores 38-SA

Acción Ecosocial

Casa de la Mujer, Quintero

Consejo consultivo de Salud Quintero

Organizaciones estudiantes

Comunidad de Quintero - Puchuncaví

Agrupación de Artesanos El Durazno

Principales acciones en torno al conflicto: