Claudia Arcos: Libre de alta tensión

Texto por Pilar Higuera Valencia / Fotografías cedidas

El valle de Marga Marga ya no es un vergel. Ahora, los años se pasan en el esfuerzo por detener megaproyectos que atentan contra la vida de las personas. Para este contenido, conversamos con Claudia Arcos Duarte —mujer de incontables luchas y conocedora de diferentes trincheras— sobre persecución política y prensa ingrata, pero también sobre compañerismo, trabajo colectivo, cooperación y amor, las verdaderas bases de toda defensa de los territorios.

Desde la esquina de la casa de Claudia se ven las torres en el cerro. Limache es una de las comunas que forman parte del área declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO desde hace casi 40 años. Pero incluso antes de que organismos especializados decidieran bautizar la zona que hoy se encuentra en conflicto, las comunidades ya defendían su territorio, reconociendo la importancia de sus ecosistemas. 

Sobre la fachada de la casa cuelga una paloma con su rostro. Estamos a menos de un mes de las elecciones en las que disputa un puesto en el Concejo Municipal (en las que por cierto, resultó vencedora). Claudia luce tranquila y me recibe sonriente, al igual que su encargada de campaña, quien contesta mensajes y revisa correos durante la hora en que nos disponemos a conversar bajo un parrón. Sabe que vamos a hablar de un periodo de su historia personal en el que podrían habérselo quitado todo -incluso la vida-, de no ser por el cuidado de sus compañerxs, amigxs, vecinxs y una fortaleza de plantas que brota en su patio trasero y la energía de un territorio que agradece su defensa.

 “Incluso antes de que organismos especializados decidieran bautizar la zona que hoy se encuentra en conflicto, las comunidades ya defendían su territorio».

En 2014, aparece por primera vez LT Cardones-Polpaico en un titular de la prensa regional. En febrero de ese año, un día seguramente caluroso y mientras un porcentaje considerable de la población se encontraba de vacaciones, el proyecto de expansión de la ya desproporcionada línea de transmisión eléctrica ingresaba al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), decretando así el inicio de una temporada de sometimiento al debate público -como parte del Proceso de Participación Ciudadana del Sistema de Evaluación Ambiental- por un plazo no menor a 60 días hábiles.

Claudia Arcos se identificaba entonces con algunos roles que no son pocos y vale la pena nombrar: profesora de alemán; educadora Waldorf; ex directora de la Fundación Integra para la zona rural; huertera; tarotista; vecina; madre y mujer. En cuanto a su lugar de origen: exiliada desde los 4 años, pero limachina por elección en su adultez. Hoy, con la perspectiva del tiempo, se considera “planetaria, habitante de los lugares y responsable de ellos”. Con ese ímpetu, suma en 2014 una nueva figura: vocera de un movimiento social. 

Cicatrices en el territorio

En la primera instancia de Diálogo Ciudadano junto al titular del proyecto -la empresa Interchile del grupo ISA-, la comunidad ya presentaba mucha suspicacia y parte de los asistentes, interiorizados ya sobre el invasivo plan, empujaron a la municipalidad a revelar el mapa del trazado. Fue allí cuando muchas personas descubrieron que las torres pasarían tras los patios de sus casas o cerca del jardín de sus hijxs. “Fue un escándalo. No era necesario ser un experto para darse cuenta de la gravedad del asunto”. Y es que hacía menos de un década que en España, la multinacional Endesa desataba polémicas al comprobarse la relación entre sus instalaciones y el aumento de los casos de cáncer en niñas y niños de poblados aledaños.

 

La ley Nº 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente, establece cuatro derechos clave para la participación de la ciudadanía en materia de evaluación de impacto ambiental: ser informada; acceder a los expedientes de evaluación; formular observaciones y recibir respuestas fundadas de las mismas; y, por último, presentar un Recurso de Reclamación si sus observaciones no hubieran sido debidamente consideradas por el órgano evaluador. Dicho de otro modo: no hace falta formar parte de mecanismos de representación. Cualquier persona natural puede ejercer derecho amparada en esta ley, y de eso se valió una comunidad completa para ingresar más de 2.500 observaciones al proyecto de expansión de LT Cardones-Polpaico durante los siguientes meses.

Al verse la comunidad invadida por las mismas inquietudes, lxs vecinos comenzaron su recorrido en busca del relato común. “Cada encuentro nos permitía verlo más claramente: Limache es un  pueblo al interior de la V Región donde pareciera que la historia solo es latifundista y burguesa, donde no existe registro de lo que sucedió en dictadura y poco se habla”. Así y todo, en este territorio cobijado en cerros y por cuyo estero bombean las aguas del bosque, la pulsión que brota tiene el color de la tierra y es orgánica. “Recién habíamos creado la agrupación Valle Consciente cuando nos enteramos del megaproyecto”. Desde hace siete años y hasta la fecha, Claudia y la comunidad organizada diseminan el movimiento ciudadano Libres de Alta Tensión.

La consagración de la resistencia hizo confluir a profesionales de diversas áreas, miembros de la población, quienes revisaron en detalle los insumos y cumplieron con el rol fiscalizador que la autoridad capeó por largo tiempo. En la rendición de impacto ambiental, la empresa omite el trazado de la línea de transmisión y su irrupción a través del bosque nativo de la zona, haciendo vista gorda sobre las consecuencias a la biodiversidad del lugar. Pero además, y entre las afectaciones, el trazado impactó directamente sobre terrenos pertenecientes a la comunidad La Dormida, asentándose campamentos ilegales para el desarrollo de las faenas productivas. La situación, previamente denunciada pero sin respaldo de la autoridad competente, concluye tiempo más tarde en un nuevo hito para el movimiento: la toma de las torres por parte de tres comuneros durante más de diez días. 

La presión ciudadana hizo eco y el proyecto de transmisión eléctrica de mayor envergadura a nivel nacional se logra atrasar. El triunfo del bien común sobre la codicia y el arrebato humano marca un precedente para las luchas que vendrán: En 2017, nuevamente en verano, la amenaza de la Central de Ciclo Combinado Los Rulos comienza a asediar. A menos de 50 kilómetros de Ventanas, y siendo de conocimiento público el desastre ambiental desatado en la zona, un nuevo motivo pone a la comunidad limachina en pie de lucha, aunque esta vez los esfuerzos se amplifican gracias al apoyo del territorio vecino de Villa Alemana. La instalación de la termoeléctrica permanece, hasta hoy, sin resolución.

Los detalles y la evolución de ambos proyectos se mantienen en continua cobertura por parte de la prensa nacional, pero Arcos tiene motivos para desconfiar del tratamiento de los medios. “Una de las cosas que no se muestra nunca es lo dantesco de las luchas medioambientales”. Comparto. Solo contra LT Cardones-Polpaico, suman siete años de resistencia.  “En siete años pasan muchas cosas: te casas, te separas, llegan hijos, te echan de la pega, encuentras otra… Muchas veces tuvimos que alternar la vocería, pero finalmente me toca asumir por ser quien mejor conoce la biografía de los conflictos”. 

Devenir luchadora social

Así prefiere llamarse cuando es consultada sobre su rol como vocera de los movimientos en rechazo a la carretera eléctrica Cardones-Polpaico, y contra la instalación de la Termoeléctrica Los Rulos, ambos en el valle del Marga Marga. Pero antes de la quinta región, la profesora ya transmitía a los niños y niñas del área metropolitana rural, la importancia de proteger su entorno natural, levantando una férrea defensa contra la instalación de una mina de oro en Cerro El Roble, en Caleu: otra zona silenciada, azotada por los vertederos, el monocultivo  y los relaves mineros. 

“Yo diría que he sido así de siempre. Desde 5to básico soy presidenta de curso. Me gustan las asambleas, poner en común lo que nos afecta. Buscar soluciones. Acá en Limache antes fueron las antenas de celulares. Se pretendió instalar una a pocos metros del colegio donde estudiaban sus hijxs. Alguien tenía que activar y pasar de la preocupación al leer, revisar leyes, buscar ingenieros que pudieran explicarle a la comunidad lo que era el daño por radiación electromagnética”. Nuevos conceptos comenzaron a formar parte de su léxico y, a pesar de escoger poner el foco en lo ambiental, su interés sobre el acontecer político se mantuvo siempre vigente. “Cuando una habla de política no puede desconocer estos otros ámbitos. Es super ingrato que los medios te tipifiquen y empiecen a quitar méritos, lo reducen todo. Lo de “activista medioambiental” se convierte en una caricatura que yo no acepto”. 

En julio de 2017, un día tarde por la noche, Claudia y sus compañerxs se enteran de la visita de la entonces presidenta Michelle Bachelet, agendada para la jornada siguiente en el sector de Los Aromos, a las afueras de Limache. Sin pensarlo dos veces, se organizan para llegar lo más cerca posible de la mandataria, con intenciones de dar a conocer sus demandas en el contexto de un encuentro público. La vigilancia del evento es tal, que la vía terrestre hasta el lugar resulta impenetrable. Minutos más tarde, Claudia y sus compañerxs figuran arriba de dos lanchas, atravesando el embalse mientras sostienen sus abrigos y sus lienzos. Seguridad no les permitió llegar a la orilla, pero la gesta por agua y tierra se transformó en una hazaña simbólica y poderosa para el movimiento.

A estas alturas de su vida, la expulsión ya no la complica. Dice que el exilio lo conoce desde siempre. “Cuando unx pertenece a las minorías maltratadas -como migrante, sudaca o mujer-, una se da cuenta que en lo legal pueden haber muchas cosas resueltas. En Alemania, por ejemplo, está penalizado el fascismo y existe una sanción. Sin embargo, nada garantiza que las personas no habiten el fascismo o convivan con ello. Una cosa es la ley y que ahí diga que tus derechos están resguardados, pero eso no quita que puedas vivir de todas maneras los flagelos de esa desviación”. 

¿Qué ha sido lo más ingrato?, le pregunto imaginando la respuesta. “Yo diría que la persecución. Eso no tiene ningún parámetro. El creer que estás en una sociedad “democrática” y que juegas dentro de ese margen que ellos te permiten jugar, que es haciendo observaciones, marchando… Pero después te das cuenta que no. Que eres blanco de interés porque, también según otra de sus leyes, tú amenazas la seguridad de un país. Es increíble darse cuenta que todos los recursos de un Estado, en vez de estar destinados a proteger a las personas que aquí vivimos, están en realidad siendo utilizados para acallar la organización, tus derechos y generando terror en la población”.

A lo anterior, el complemento del cual bien sabemos: “Otra cosa muy difícil es ser mujer. Hoy día menos, pero siempre ha sido un tema. Nosotras funcionamos distinto, nos organizamos distinto, hablamos distinto. Muchas veces en las concentraciones no había megáfono y mi voz no daba. Pero además, se piensa que estas luchas son tan violentas que se les da mucha espalda a nuestros compañeros hombres, cuando generalmente -y lo que yo observé durante estos años-, es que muchas veces quienes las sostienen son más bien mujeres”, afirma Claudia, mientras hace memoria de todas labores clave para la movilización en las que el género representó sobresaliente: investigaciones, levantamiento de consultas a la autoridad, ingreso presencial de documentos, elaboración de lienzos, puerta a puerta, jornadas de diálogo con la población. 

“Organizarse es un placer”

Una de las cosas que caracteriza a Mayra es su consistencia. Para ella, el oficio textil siempre ha estado ligado a la necesidad de hacerse cargo en paralelo de una de las mayores fuentes de contaminación del planeta. “La industria del retail hace que todo sea una moda desechable, de baja calidad. Nos tienen uniformadxs. Eso del Prêt-à-porter (listo para llevar) que nació en la década de los 50 contaminó todo y mató a todas las modistas, a las costureras, a los sastres. La industria de textil sabemos que es la más contaminante pero solo hay reciclaje de cartón, de lata y de vidrio. ¿Qué pasa con el textil? Se va a la basura”. 

Mayra dice que jamás bota cosas, que todo lo que va sobrando lo convierte en algo más, arma unos pequeños puf y los envía a diferentes lugares y va trabajando con el material que tiene para evitar comprar. “Uso telas super antiguas, me regalan cosas de un asilo, tengo una cantidad de botones. Pienso que por lo menos tengo el espacio para acumular e ir usando en diferentes proyectos. La gente sabe que yo junto, entonces me traen”. En el taller no solo crean cosas, también reparan en pos del reciclaje. “Damos soluciones a los problemas cotidianos, la gente se siente parte del taller y viene. También presto el taller, porque hay un montón de diseñadores chicos que no tienen dónde trabajar y vienen a hacer sus pegas para acá”.

En los últimos siete años, la resistencia en la zona solo crece y se regenera, incorporándose al ecosistema savia fresca y brotes nuevos. Salvemos El Estero; Valle Conciente; Salvemos La Campana; y Olmuévete, son algunos de los movimientos que, mejor que los medios, mantienen a sus comunidades activas e informadas. “Es natural preocuparse porque aquí no hay nadie que no vaya a salir afectadx”. Lxs pobladorxs de Urmeneta (avenida principal de Limache), hoy conviven con la amenaza de edificios que acabarán con el casco histórico de la ciudad. Hace no mucho, hicieron desaparecer “La Bombonera”, cancha histórica donde hoy figura un megasupermercado  que afecta directamente al comercio local, destruyendo un entramado clave del tejido social. “Pero curiosamente, al destruirlo, se sigue unificando. La gente está despierta”. 

Hay una pregunta que nadie hace, dice Arcos. Y es que pareciera que, en los medios de comunicación masiva -donde la noticia tiene un fin dramatizante y luego existe-, no hay espacio para detenerse y preguntar: ¿Qué es lo que nos motiva a las personas a sostener luchas colectivas por tanto tiempo? O “lo maravilloso de todo esto”, en palabras de Claudia. “Ver la organización. Ver a las personas involucrarse, o que seres que no se conocían, dialoguen. El poder unificar almas. Que las personas sientan valor y se den el tiempo. Verlas salir con sus hijxs. Verlas sabiendo que existe la posibilidad de que no lo logremos y sin embargo intentarlo. No existe la forma de que unx pueda abrazar otra alma con un mismo sentir”. 

Al final de la multitudinaria y recordada marcha del 6 de abril de 2019 por la defensa de la Reserva de la Biosfera, Claudia fue la última en subir al escenario, pero la primera en expresar la dicha de luchar, misma que sostiene hoy. Después de sus palabras -nudo en la garganta en ella y en el público presente-, propuso a lxs asistentes leer al unísono el manifiesto preparado para la ocasión: «Nosotros, hijas, hijos, padres, madres, de esta provincia, de esta región, de este país, estamos en alerta, en defensa de nuestro territorio. Hoy reclamamos nuestro derecho constitucional de vivir en un ambiente libre de contaminación. Rechazamos este modelo económico que nos atropella y nos ahoga. Nos declaramos defensores de la vida”. 

Nota del autor: A la fecha de la publicación de este número, los alegatos en contra del Director del Servicio de Evaluación Ambiental, quien aprobó la instalación de las torres de LT Cardones-Polpaico, se mantienen sin resolución por parte del Tribunal Ambiental. Mientras tanto, la comunidad opositora a la instalación de la Termoeléctrica los Rulos, hoy a cargo de Inkia Energy, continúa igualmente a la espera del pronunciamiento de la Corte Suprema tras los alegatos del pasado 8 de marzo de 2021. 

«¿Qué es lo que nos motiva a las personas a sostener luchas colectivas por tanto tiempo? O “lo maravilloso de todo esto”, en palabras de Claudia. “Ver la organización»».