EDITORIaL n° 3

La música como soporte vital 

Producto del encierro pandémico, nos encontramos sentadas en torno a una mesa con un grupo de amigas, compartiendo una copa de vino y otros gatillantes creativos por los que Lavín, el siempre perdedor, trataría de llamarnos algunas veces. Alguien se toma la tímida atribución de poner en altavoz un tema que le gusta. Todas las miradas se posan sobre la que ha osado interrumpir la playlist clásica -creada en colectivo y con éxito asegurado entre las participantes-, aunque al rato todas estamos bailando y riendo alrededor de la mesa, señal inequívoca de que fue una buena elección musical.

Nos sentamos, y de pronto alguien dice que qué importante ha sido la música ahora, y qué importante ha sido siempre. Si tuviera que existir un servicio de primera necesidad, un esencial, debería ser este. Ya nadie sueña con ir a conciertos en vivo porque entra la pena y el por qué chucha seguimos aún en estado de excepción. Nos robaron la noche, pero también nos robaron la música, y acaso el acceso al arte entero. Los malls abren pero los teatros no, el metro se llena pero las tocatas son una realidad tan lejana, que solo da luces de volver en los países primermundistas, que en algunos casos de éxito sí cerraron sus fronteras, asegurando el acceso a rentas, bienes y servicios básicos para su población (aunque esa es harina de otro costal).

Pero la música, volvamos ahí: ¡Qué importante es la música! El soundtrack de nuestras vidas es un MP3/pendrive Sony que guarda ritmos que quizás entre sí no pegan tanto, pero que simbolizan pedacitos de tiempo que cristalizaron momentos importantes de nuestra vida. La música es el soporte vital de nuestras historias. La música contiene dedicatorias, lugares, amores (y quiebres), amistades, encuentros y desencuentros. Recuerdos de horas de tumbarse boca arriba esperando que el caos de afuera no se diera cuenta de que estábamos ahí, evadiendo a veces, conectando con cosas que quizás eran un juguito de drama, o algo mucho más profundo que no entendimos ni a la primera, ni a la segunda. 

La música apaña, a veces es un subidón de energía y otras veces trae una melancolía difícil de tragar. Escuchar música es conectar con el mood contextual de la historia propia, pero también con la de quien está del otro lado, con su propio contexto y su propia historia convertida en arte. La música salva vidas, dice una compañera, y nosotras creemos que lo hace porque llena los vacíos cuando las palabras no alcanzan. La música puede vivirse en soledad y en compañía, puede doler y puede producir el más fascinante deleite. 

Ilustración: Tania Hevia

“Si el corazón quiere cantar qué puedo hacer?
Ayudar a que fluyan al viento” (Rebeca Lane, Corazón Nómada)

A lo largo de la historia, la composición musical se ha diversificado, a través de artistas, géneros, ritmos e instrumentos que van marcando además las épocas que representan. ¿Está bien que ahora nos represente Bad Bunny? Pregunta alguien. Lo que para algunes debería seguir ciertas pautas y etiquetas, para otres es un experimento que lleva mucho de ensayo, error y disfrute. Entrar en el debate de las etiquetas y categorías sobre lo que es o no la música nos parece un esfuerzo purista inútil: al igual que con el lenguaje y la RAE, ella avanza mucho más rápido que las normas. 

Creemos que todo lo que contenga creatividad es una expresión de arte (tú también eres arte bb), y que mientras nos haga vibrar o mover la cuerpa, siempre tendrá sentido y razón. En este número quisimos hablar de música con mujeres y cuerpas disidentes que la perciben y crean desde distintos lugares. También haremos un repaso personal e íntimo sobre nuestra propia relación con las canciones y ritmos que marcaron épocas, sin olvidar además ese sitial oscuro en que se encuentra la música (y en general, las artes), en periodos de crisis, donde les creadores carecen de apoyos por parte de la institucionalidad, siendo altamente precarizades y/o perseguides. 

La producción musical, la voz, la colectividad, la música clásica, la producción, los escenarios, la musicología, el periodismo musical y la canalización a través de los sonidos: todas expresiones de un mismo efecto. ¿Qué es lo que la música significa para elles? ¿Una búsqueda? ¿Una salida? ¿Un sentir? 

Descubrámoslo.