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[Colaboraciones Erráticas - Mayra Olate]

Mayra (@noeslamay) es profesora y escritora, amante de las artes y la naturaleza, y creo que la educación es la mayor herramienta para lograr la transformación social.

Es una breve reflexión o ensayo sobre la música como arte intrínsecamente conectada a nosotrxs como especie.

Breve Reflexión sobre la Música NOSOTRXS Y LA MÚSICA

Dicen que lo primero que surge en una cultura es la música; antes que el idioma, incluso; somos parte de un ritmo natural. Todo en la naturaleza está en movimiento: desde el latir ínfimo de un insecto o el lento espiral en el crecimiento de una planta, hasta el retumbar estruendoso de una explosión volcánica o el rápido trote de un guepardo; todo está en constante movimiento y, por ende, estamos insertos en una secuencia rítmica constante. Percibimos sonidos desde que estamos en el útero, en la matriz, y respondemos de una forma muy específica al tono de voz de nuestra madre. Esa es la primera señal de que, como humanxs, nuestra memoria se conecta a los sonidos y, aún más, a la música.

La música es el arte más democrático que existe: no necesitamos leerla o comprenderla desde la razón; no necesita un estudio previo o cierto nivel intelectual para disfrutarla; no necesitamos que nos eduquen para poder apreciarla; solo necesitamos nuestros sentidos para disfrutarla y bajos intensos para vibrar con ella. Desde el más terrible de nosotrxs, hasta el más purx e inocente tiene derecho a disfrutar de la música y es la única que va a estar a nuestro lado durante toda la vida.

No podríamos concebir el mundo sin música: cuando estamos alegres, la ponemos a todo volumen y bailamos frente al espejo; cuando estamos tristes y deprimidos, escuchamos blues o a Radiohead y lloramos sin parar hasta entrar en catarsis; cuando vamos en la micro o el metro y miramos por la ventana imaginándonos cosas que nunca pasaron; o simplemente cuando caminamos por la calle con nuestros audífonos pensando que, esa canción en particular, es parte de la banda sonora de nuestra vida.

Pensar en cuando éramos adolescentes y la música era el fundamento de las muchas tribus urbanas con las que convivíamos diariamente. Si fuiste punketa, metalerx, raperx, andinx, cumbierx, otaku, pokemon, grunge, indie, rockerx, poperx, rude girl o rude boy, rasta, electrónicx, salserx o folckóricx, es porque viviste -y probablemente has vivido- toda tu vida bajo la influencia de la música. Es parte de ti, te identifica, te da un sentido de pertenencia y te configura como ser humanx. Se entreteje con tu personalidad, te traslada a momentos determinados de tu vida y vuelves a re-construirte a partir de esos recuerdos. 

Vives en un eterno loop, con las mismas canciones que te marcaron y que vuelven una y otra vez, siempre de forma distinta porque tienen otro sentido, completamente nuevo, ahora que estás envejeciendo y has cambiado tu forma de ser y de pensar. Pero no tu música, tu música no envejece ni cambia, la música que te ha acompañado toda tu vida sigue ahí, intacta, al igual que esos recortes fugaces de memorias que te vienen a visitar de vez en cuando: cada vez que te quedas solx o te re-encuentras con alguien, cada vez que celebras tu cumpleaños con tus amigxs o piensas en aquellas personas que ya no están aquí. La música vuelve y te activa, y re-vives, cada vez que les das play a esa canción.