¿Y la dignidad?: Precarización del oficio musical en períodos de crisis

Texto por Camila Olmos Fuentes – Espiral musical / Fotografías por Francisca González Candia

Desde hace décadas el trabajo del o la artista ha sido precarizado. Grandes ejemplos, lamentablemente reconocidos de manera póstuma, dieron batalla en contextos históricos complejos. Violeta Parra murió en condiciones de pobreza y sin ser reconocida en su propio país. Mientras que Víctor Jara fue perseguido y acribillado por la dictadura militar. Hoy día sus canciones y poesías siguen tan vigentes y oportunas como hace 50 años o más.

Pero, volvamos al presente. Año 2021: Pandemia por Covid-19. Una crisis sanitaria que no ha hecho más que derribar una barrera para ver la aguda precarización del trabajo que existe en el mundo de la música, de la cultura y las artes en general. Incluso, previo a la revolución de octubre de 2019, lxs trabajadorxs de la música ya venían lidiando con condiciones laborales paupérrimas, pero naturalizadas y poco cuestionadas, al menos en el ámbito público.

Sin embargo, el denominado “estallido social” permitió que comenzáramos a poner sobre el tapete nuestras necesidades y preocupaciones, abriendo el debate y una oportunidad de organización con fines claros y colectivos.

Los distintos estudios realizados durante el estallido social arrojaron cifras preocupantes. Podemos mencionar las entregadas por el Observatorio de la Música Chilena en su “Diagnóstico de la Industria Musical Covid-19 y Estallido Social” en 2020, donde se concluía, por ejemplo, que el 66% de los músicos gana menos de $166.666 mensuales por su trabajo o que el 53% de las empresas del sector factura menos de $1.600.000 mensuales, entre otros números alarmantes y, por qué no decirlo, tristes.

Estos estudios continúan tan invisibles e invalidados, casi como los informes de entidades internacionales sobre violación a los derechos humanos en el país durante la revolución de 2019.

De pronto ¡paf! Cae el Covid en nuestro país, mascarillas, cuarentenas, cierre de bares, teatros, escenarios y espacio público. Y es aquí cuando comenzamos a darnos cuenta de algunas cosas: muchos artistas son el sustento de sus familias, muchos de ellos viven del “día a día” y, más aún, gran parte de estos trabajadores y trabajadoras no registra en el “sistema”. Es decir, los y las  artistas no califican para las ayudas sociales. ¿Qué es eso del contrato de trabajo? ¿Quién es mi empleador? ¿Qué es el Registro Social de Hogares? Y un largo etcétera. 

Nos encontramos también, y una vez más, con la indiferencia de un gobierno que no reconoce a lxs artistas como “sujetxs de derecho” ni menos como trabajadorxs. No hubo lugar para nosotrxs en las cuentas públicas de Piñera el año 2020 y 2021. Por otro lado, una ministra ausente, que aparece de vez en cuando en las fotos junto a comunicados de prensa que anuncian millonarios recursos y, por si fuera poco, dice que “un peso que se asigna a Cultura, se deja de colocar en otro programa o necesidad”, a propósito de la discusión de presupuesto para su ministerio.

Para algunos esto parece ser una especie de “venganza” contra el rubro de las artes, que durante toda la historia ha levantado bandera en las luchas sociales, escribiendo incluso las verdades de las injusticias y reconstruyendo la memoria.

En este mismo escenario, hoy existen Fondos de Cultura impagos y un desorden administrativo dentro del Ministerio, donde hay una evidente crisis, que los propios trabajadores han hecho visibles, incluso en la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados, donde manifestaron su molestia por la forma en que la institución ha manejado la crisis. Sin embargo, continúan abriendo nuevos concursos, bajo el criticado modelo de la concursabilidad. Parece haber un eterno silencio incómodo, donde sabemos la situación, pero permanece bajo perfil.

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