Alisú: El sonido de las máquinas

Alisú (Jessica Campos de la Paz) es una mujer artista multifacética y autodidacta.

Con más de 20 años en la música con hardwares, se dedica también al diseño gráfico y producción. Exploradora de sonidos, ha creado distintos proyectos musicales, ambientando el lado electrónico de la región. 

Sin duda, su nombre no puede faltar en tu playlist.

Texto por Vico Pinto / Fotografías por Francisca González

¿Cuándo comienzas a relacionarte con las máquinas?

Partí chica la verdad, mirando a mis amigos. Es que soy autodidacta, me he ido perfeccionando con los años. Primero me relaciono con software, porque no había recursos. Era jugar con software pirateados, desde el frutty loops, el Acid, lo que había en esa época. 

Luego, en el ‘98, formamos Manziping con Rolancho, él me enseñó harto de música y está participando en nuestra tienda (@midiin_store). Sacamos el primer disco en el 2000, que tenía drum bass, trip hop, cosas más techno. Era, sobre todo, lo que estábamos escuchando en esa época. Sacamos música hasta el 2004 con sellos alemanes. Y en el 2007 me separe de Manziping 

Después se integró otro amigo, el Pirata. Era entretenido porque era el único proyecto que tocaba en vivo, puros dj, música electrónica y era difícil ver proyectos tocando en vivo. Después el Rolancho se fue a Santiago, el Pirata a Valdivia. Entonces era como “ya pos, te toca a ti hacer música sola”.

¿Cómo nació el nombre artístico?

Alisu viene de Lain, un anime de una chica que es un experimento, pero ella piensa que es real. Una locura. Cuando se cae todo ese mundo que le habían creado, la única real era su amiga Arisu (Alice). Pero le puse acento para hacerlo más latino, entonces quedó Alisú.

¿Y el estilo?

Los estilos de música para mi son super cambiantes porque tienen que ver con los proyectos en que participo.

Por ejemplo, tengo un disco súper denso, que salió en PuebloNuevo.cl, de Rocas de Santo Domingo. Fue súper duro, pero un aporte, porque esa historia no se sabe… Ese lugar fue ocupado por la dictadura para torturar y enseñarle a los torturadores. 

Ahí tuve que trabajar Ambient, fui a grabar el lugar, hay un humedal, hartos pájaros. Había que evocar esa época, cuando los niños iban a jugar. Porque ese era un proyecto de Salvador Allende para lxs trabajadorxs, tiene ese contraste. 

Por otro lado, me gusta la música bailable. Estoy en un disco por un sello de Seattle (Bottom Forty). Le puse New Reality, es bailable, dub techno y techno, me encanta.

House no he hecho mucho, más deephouse y sí, me gusta el electro, el breakbeat. Soy bien abierta a distintos géneros. Más que nada me gusta darle la personalidad a lo que hago

 “Alisu viene de Lain, un anime de una chica que es un experimento, pero ella piensa que es real. Una locura. Cuando se cae todo ese mundo que le habían creado, la única real era su amiga Arisu (Alice). Pero le puse acento para hacerlo más latino, entonces quedó Alisú”.

¿Cómo ha sido el tránsito pandémico? 

He estado en varios estados. He tenido catarsis sola, tocando. La música me ayuda a sacar un montón de cosas y el año pasado, pensando que se iba a terminar la pandemia, hice caletas de live online.  

Me sobre explote. A todo le decía que sí: Japón, Australia, toqué para varios países. Igual sirvió para conocer gente que está en la misma, pero en otros países. Antes no podría haber tenido la oportunidad, imagínate. Esas cosas me encantaron, pero quedé agotada. 

Un live mío nunca va a ser igual a otro. Entonces es harta pega, porque estás preparándolo, ensayando, tocando las máquinas, enlazar todos los track para que sea todo un viaje y conectar con la gente. Lo que pasa es que no te pagan y es mucho el trabajo que hay detrás. Fue bacán, pero muy agotador porque fue mucho.

¿Y ahora?

Este año me fui más para adentro. He dicho que no, quiero descansar. He querido equilibrar más. Estoy en un proyecto súper bonito de Brasil, Latinese, que busca conectar mujeres que tengan políticamente algo que decir. Me conectaron con Djuena Tikuna, que es del Amazonas.

También en un concurso del Museo de la Memoria, “La mala memoria”, me invitaron junto a Matías Aguayo y Atom Tm. Y voy a tocar para Neo Valpo que es un festival. 

De hecho soy la única mujer. A mí me sorprende que me toca estar ahí, dando la cara, porque no sé, no investigan más, que hay más mujeres que pueden enseñar o no sé. Me toca siempre estar con hartos hombres. 

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