colaboraciones

Kennya Comesaña Vera

Kennya es una música y cantautora proveniente de Coyhaique, residente en Valparaíso hace más de 14 años. Cuenta con amplia experiencia como intérprete de repertorio popular en diversos proyectos musicales, así como variadas colaboraciones en registros fonográficos de distintas/os músicxs nacionales.

Además desarrolla talleres, clases y formaciones en voz cantada y música para distintos formatos, edades y contextos, destacándose su iniciativa principal «Círculo de Canto Femenino» (desde 2018).

«El siguiente, es un texto abordado desde las reflexiones en torno a cómo la musicalidad habita en todo cuanto somos, desde el origen de nuestras vidas, hasta la muerte. Al mismo tiempo que se vuelve algo profundo, canalizador de emociones; y en ello la exposición de la voz como herramienta de comunicación liberadora, narrado desde mi propia experiencia como formadora no tradicional».

Canto: Sanando memorias

Pensar en la música para mí es pensar en un elemento inherente a todo ser sintiente, a toda forma de vida. Remitiéndome a los sonidos entre los cuales habitamos y a las rítmicas que conforman nuestras vidas tal y como las conocemos, reflexiono en torno a cómo podemos observar, oír y sentir la musicalidad de la vida, acompañándonos desde el nacimiento hasta la ritualidad de la muerte.

El latir del corazón o la reiteración constante del acto más simple y cotidiano; el movimiento de las ramas de un árbol por la fuerza del viento; la lluvia y el viento mismo; los gritos de llamado que, oscilantes entre ciertos intervalos, adquieren uno u otro significado… el llanto, la risa, las canciones de cuna y hasta la forma en la que nuestra voz viaja entre notas al hablar; para mí todo tiene algo de musical. La música puede contener elementos de todo y todo tiene algo de música.

Y desde la complementariedad que construye junto a la rítmica de las cosas es que la concibo, como una experiencia que acompaña la vida de todo lo que vive y pulsa. 

Esto me lleva a pensar, como mencionaba anteriormente, en el latir del corazón y en cómo quizás ya relacionades con este primer pulso permanente llegamos a la vida, en como entre cantos de arrurrú y las voces primeras reconocemos aquellos sonidos y melodías con los cuales asociamos familiaridad, confianza y apego. 

Los juegos de la infancia que generaciones anteriores y las nuestras conocimos fueron acompañadas con cantos, con palmas y coreografías que involucraban a su vez destrezas en la coordinación, memoria y traspaso de sabiduría popular oral hacia otras y otros que jugaban junto a nosotres.

Claro está que todo esto merece un análisis mucho más profundo, pero cabe señalarlo en la medida de profundizar en lo que para mí significa la música, y cómo me define y representa tiene mucho que ver con el instinto y con las memorias anteriores.

Siendo orientadora de la voz y cantante, principalmente, evoco constantemente a las prácticas del juego y la improvisación para poder conectar con estos lugares, los de la liberación y el goce en la ejecución del canto, pues creo en la capacidad que cada une tiene de volver a sanar esas cargas sociales del “hacerlo bien” o “hacerlo mal”, ya que siento que teniendo la herramienta de la voz es posible llegar a encontrar en ella un caudal por el cual poder canalizar emociones, pensamientos y reflexiones tan necesarias para la vida y para construir seres sintientes más felices.

Cantar ha sido mi principal vínculo con la música y a través de la voz observo tantas cosas posibles. Múltiples han sido las experiencias que me han formado a mis ya casi 33 años, y mis principales aprendizajes los he experimentado mucho más allá del academicismo; escuchar a otras voces y diversas sonoridades me ha permitido nutrir mi herramienta de trabajo y mis conocimientos, transformando la rigidez de ciertas temáticas y tecnicismos a términos más coloquiales y cercanos. El uso de un lenguaje común nos acerca.

También la escucha hacia un otre es fundamental, tanto en el habla como en el canto. Es importante para mí otorgar el momento del intercambio; existe un momento en el cual se develan las cargas y/o las razones por las cuales cantar, y siento que la relevancia de esos espacios es vital, pues el ser sintiente se muestra en su forma más expuesta, se vuelca a las memorias más pretéritas y conecta con sus sentires más profundos. Es allí donde ocurre la magia, el descubrimiento y nace el poder de creer en la propia voz: el reconocimiento de cada quien desde el interior.

Hay un viaje de ida en el que pienso que he tenido la fortuna de encontrarme con tantas voces, y de tantos lugares, edades y colores, que solo puedo sentir agradecimiento ya que gracias al encuentro descubro lo que soy. Como herramienta de comunicación a través de la música, la voz me ha permitido contar y cantar contenidos diversos, llevándome a descubrir que tengo la fuerza de mostrar los propios, lo que alegremente se ha traducido en un camino nutrido en el que sigo trabajando y reflexionando sobre todo lo aquí expuesto, y más…

Si las voces de tantos nos han acallado, que no existan dudas que, como a mí, las voces de tantas mujeres nos han encendido para seguir buscando los conocimientos pendientes.

Yo las llevo conmigo, para recordarme que aprendo tanto de ellas como ellas de mí, para encender otras voces que no carguen más los vestigios de la culpa, el miedo ni la vergüenza. Por el derecho a vibrar con lo que nos hace feliz sin prejuicios.