Jacqueline Cornejo: Mujer tras la escena

En una indiscreta incursión tras bambalinas nos encontramos con Jacque, apasionada productora de Rockódromo y otros tantos proyectos culturales de la región que forman parte de su trayectoria. El profesionalismo y disciplina de Jacque la posicionan como una de las mujeres más destacadas tras la escena musical y cultural porteña, siendo una referente obligada cuando se trata de hablar sobre estos temas. 

Texto por Tabata Yañez / Fotografías Kika González

En este espacio no hay luces, cámaras ni micrófonos. Hay, al costado izquierdo y sobre una mesa de vidrio, un ukelele, discos y varias decoraciones. Atrás, un pequeño escritorio. Luego está ella con un desplante enérgico que termina de llenar el lugar: entonces no hace falta seguir describiendo. 

Se logra comprobar armonía en su tono fuerte, ligeramente raspado. Vital. Su voz es la antesala de su personalidad completa. Grave, entusiasta. Otro instrumento en la habitación. La totalidad de su esencia irradia un ánimo cálido, que invita a seguir incluso el más mínimo plan. Si pregunta “¿Apañan?” las personas responden siguiéndola. Madera de gestora ya plasmada en todo su actuar. 

Jacqueline Cornejo (1991, Santiago). En Rancagua y por el turismo, así empezó su camino. Pero siempre ligada a la cultura porque ama la música, canta desde muy chica. La primera vez que subió a un escenario iba en segundo básico. Cuando migró a Valparaíso, el ambiente le avisó sobre algo que no la terminaba de convencer. Entonces, cambió de sentido -aunque nunca se fue tan lejos-, hasta encontrar (se) en la gestión cultural. 

Sus primeros pasos fueron en la misma facultad de Arquitectura, rodeada de las ideas que tiraban al azar estudiantes de cine y diseño. Un par de peñas vieron la luz en aquella época. Y sin saber bien se fue dando lo que es ahora.

Su objetivo principal es “pasarlo la raja”, concluye resuelta. O sea, si va a tener un equipo técnico en el escenario, hace que funcione mientras lo pasan bien, esa es la idea. Vino el Festival de las Artes de Valparaíso (FAV), seguidamente el FICVIÑA, enumera. La verdad es que los proyectos son tantos que, para saber con certeza, habría que contar el ramillete de credenciales que cuelgan de su pared. Pero al hablar del primero confiesa que de ahí nadie la detuvo, siguió en marcha y un día, durante este viaje, recibió la llamada para ser asistente de producción del Rockódromo.

 “Su objetivo principal es “pasarlo la raja”, concluye resuelta. O sea, si va a tener un equipo técnico en el escenario, hace que funcione mientras lo pasan bien, esa es la idea”.

La escena de su oficio se resume así: un grupo de jóvenes llegando al festival con sus historias, talento y motivaciones bajo el brazo; cargados de sueños. Unx de ellxs dice “¡Oh, estoy tan feliz!” y Jacque es quien responde “Sí, hueón, es la raja. ¡Vamos, yo voy contigo!”. 

—Me encanta eso. Hay que entregarles profesionalismo antes y después del show. Lo tengo que hacer sí o sí porque sino es una chacota. Ha sido bacán de cualquier forma estar ligada. Es entretenido. Y claro, era asistente de producción. Pero sin buscarlo terminé siendo productora general.

El aprendizaje tras bambalinas es su fuente de conocimiento constante, le entrega algo distinto. Sin embargo, nunca ha estado del todo ahí, aunque desde esa trinchera se ve y se siente (por ahora) mejor.

 

Describe estos territorios con un afecto dulce. Dice que es una ciudad de raíz, dispersa, rica, con personalidad múltiple. Hay muchos creadores de diversos estilos que para ella la hacen difícil de categorizar. Lo importante es que la escena musical en la región está llena de ganas, defiende. Y que la identidad musical, en cierto punto, no la da el estilo musical, sino la forma en que se hace la música: electrónica, cueca, bolero, cumbia, lo que se quiera.

—¿Y qué hace falta mejorar en el circuito artístico y/o cultural desde la institucionalidad?

—Hablando del Estado, hemos sido invisibilizadxs. Un ejemplo claro es lo que ocurre ahora. Pero trabajando en el Ministerio de la Cultura, puedo decir que tiene funcionarios públicos súper bacanes. Tenemos que hacerlo dentro de todo lo precario y burocrático. Al área eso sí le hace falta profesionalismo. Hay managers súper chayas, gestores culturales muy chayas. Nos estamos auto educando recién. Todo es aprendiendo sobre la marcha, y el rubro artístico antiguo es muy patriarcal. 

—Como cualquier disciplina, lamentablemente.

—Lucy Briceño dice mucho eso. Si bien ha sido una luchadora del género femenino en la música, el bolero es más machista que la chucha. 

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