PÉSIMO SERVICIO: EL ARTE DE LA RESISTENCIA

Texto por Camila Olmos Fuentes / Fotografías por Francisca González y cedidas por Pésimo Servicio

A quienes fuimos parte de la “Revolución Pingüina” y que volvimos a vivir la lucha estudiantil en 2011, la revuelta de octubre de 2019 nos dejó sentimientos encontrados. Por un lado, nos llenó de satisfacción y alegría ver que por fin todo estallaba; pero por otra parte, nos invadió el miedo y la incertidumbre. La rabia que acumulamos durante años salió con ímpetu a las calles, pintando consignas y coreando a todo pulmón los gritos de lucha. 

Cada quien, desde su trinchera personal y/o colectiva, comenzó un proceso de resistencia y avance. El arte se convirtió en el arma de muchxs: intervenciones callejeras, muestras, ferias, canciones y festivales entre otras formas de expresión que la creatividad y la asociatividad permitían, fueron algunas de las manifestaciones que se tomaron el espacio público y lo cotidiano. 

Al mismo tiempo en que la violencia del aparato estatal caía con todo su peso represivo sobre lxs manifestantes, surgían también muchas otras formas de organización colectiva y cuidado para hacerle frente. Hoy, a dos años de la revuelta, quisimos conversar con integrantes del colectivo Pésimo Servicio para reflexionar sobre el rol y contribución del arte en estos procesos de resistencia, impulsados desde la necesidad de expresar y decodificar la realidad y el escenario político que comenzó a gestarse.

PÉSIMO SERVICIO 

Muchas interrogantes surgieron en octubre de 2019. Comenzamos a pensar en cómo actuar y articularnos colectivamente, cómo manifestarnos a pesar de la represión y en cómo, desde cada uno de nuestros frentes, llevar esta lucha. El arte, sin duda un arma letal y directa a la médula cuando de interpretar la realidad se trata, fue la bandera de Pésimo Servicio, un colectivo de artes gráficas e instalación de Valparaíso que aunó voluntades y comenzó a generar y producir un material que, de seguro, más de algunx de nosotrxs conserva en casa como memoria de la revuelta.

Fuimos al taller de esta colectiva para encontrarnos con Camila Fuenzalida, Paula López Droguett y Danila Ilabaca, quienes nos recibieron con todas las gráficas y afiches que realizaron desde el comienzo del colectivo, rememorando de a poco los procesos creativos que estuvieron detrás de cada una de sus intervenciones. 

Pésimo Servicio se define en primera instancia como un grupo de amigues, quienes, previo al estallido, estaban planificando la manera de asociarse en una cooperativa para sacar adelante sus trabajos. Luego del 18 de octubre, al igual que muchxs de nosotrxs, deciden poner pausa al proceso y utilizar todas sus herramientas técnicas y humanas para volcarse a esta lucha colectiva, disolviendo incluso sus individualidades. 

Para Paula López, fotógrafa y cineasta, “esto fue un apañe, necesitábamos trabajar en conjunto. Teníamos miedo y nos juntábamos igual en toque de queda, algo que era como la activación de una memoria de nuestros padres”. Por otro lado, Camila Fuenzalida, licenciada en Artes, comenta que “al principio, Pésimo tiene una condición reproductiva, muy útil para un momento acalorado y revoltoso. La idea era llenar la calle de información”. Muchas de las cosas que plasmaron en gráficas era lo que escuchaban en las marchas o en los medios: “quizás no con tanta elaboración propia, sino más bien como la reproducción de una especie de cuerpo discursivo que se estaba construyendo en la calle”.

 “esto fue un apañe, necesitábamos trabajar en conjunto. Teníamos miedo y nos juntábamos igual en toque de queda, algo que era como la activación de una memoria de nuestros padres».

NO ESTOY EN GUERRA

La primera idea gráfica que surge tiene un formato horizontal y largo, pensado para las marchas y con lógica de panfleto. Usaban el tamaño de las hojas de resma y papel barato,  con el objetivo de una impresión rápida. Los mensajes se compartían de manera gratuita para que cualquiera pudiera imprimir en su casa.

El primer panfleto contenía la frase “No estoy en guerra”, y en el retiro (cara posterior), tenía inserto un instructivo de cuidado y contactos de emergencia en caso de ser detenidx, entre otras cosas. “Había tanta efervescencia en la calle y en las noticias, que empezamos a usar frases que no eran nuestras, sino de otrxs que representaban lo que estaba pasando. Respuestas inmediatas o un mensaje que todos quisiéramos decir, lo más simplificado posible, lo más común, reduciendo la información al mínimo”, señala Camila.

Así también surge la gráfica con la frase “En Chile se ______”, una especie de complete la oración, que reflejaba también la confusión de aquellos días para nombrar de alguna forma lo que estaba pasando en todo el país. Una frase que las personas llenaron con diversas palabras, y que para el colectivo representó una especie de liberación respecto al concepto “Chile”.

Lo que intentamos hacer, dice Danila Ilabaca, diseñadora gráfica, “es que si ya teníamos un mensaje o una imagen, lo sacábamos en formato folleto, lo pensábamos en un tiro y retiro y también en un formato afiche, en versión vertical u horizontal adaptada. También intentábamos adaptar la imagen en gif para las redes, con el objetivo de llevar el mensaje a varias plataformas y soportes”.

Dos frases que hacían alusión a la violencia de estado eran “Ya van a ver” y “Chile Mata”. Camila recuerda que el colectivo trabajaba “en comisiones de hasta tres afiches a la vez. Era tanta la información que había que bajar, compilar y más que producir un discurso, había que organizarlo gráficamente, tirarlo a la calle a ver qué pasaba y sacar otro. En términos artísticos o de taller, fue un ejercicio super natural y que funcionaba en retribución todo el tiempo”.

Otra manera que tuvo Pésimo Servicio de reproducir los mensajes, fue a través de la serigrafía. En cada marcha, integrantes del colectivo salían a la calle con un carro y herramientas para serigrafiar papel, lienzos, afiches y poleras. “Era impresionante la sed gráfica que había, que no era solo nuestra.

Ideas o deconstrucción de frases que parece que se hubiesen estado preparando durante 30 años para finalmente elaborar un discurso colectivo”, dice Camila Fuenzalida, quien también recuerda cuando estos mensajes se plasmaron en poleras: “Era brígido darse cuenta de que podíamos estar todos de acuerdo con frases como “Chile Mata”. Ir a la marcha, estar como en una fiesta donde participaban les niñes; celebrar y a la vez vivir la pena juntes. En eso Pésimo me salvó un montón, pasarlo bien y al mismo tiempo estar meta consciente de la violencia que estábamos habitando, pero con éxtasis de que esto está pasando, al fin estalló. Tratando de honrar también a la gente mutilada, muerta, desaparecida. Creo que la producción era relativa a eso que estaba pasando”.

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INVESTIGACIÓN Y COLABORACIÓN

En el contexto de los temas pendientes en el país, que comenzaron a salir a la luz durante la revuelta, surgió la necesidad de profundizar en ciertas temáticas. De a poco la inmediatez dejó de ser prioridad, por lo que Pésimo Servicio comenzó a volcarse a la investigación. Así es como llegan a la creación de la gráfica “Zona de Sacrificio”, con información que genera el propio colectivo, dotando el material de mayor contenido técnico y llegando, incluso, a espacios educativos como colegios y escuelas, a través de lxs profesorxs.

También comenzaron a surgir las colaboraciones. Durante un tiempo, Pésimo Servicio se trasladó al subterráneo de Concreto Azul, en pleno centro de Valparaíso, lugar que a diario era epicentro de manifestaciones, enfrentamientos y represión. Este periodo trae a las compañeras muchos recuerdos y sensaciones asociadas al miedo. “Al principio estábamos en el anonimato, varias veces tuvimos que salir de Concreto, nos íbamos moviendo de casa. Hubo harto miedo y con razón”, dice Paula.

“El primer día estaban llegando a mi casa, trayendo las impresoras, mesas, serigrafía y había un helicóptero arriba, no era rollo, eso podía ser considerado persecución. Era fuerte, cambiábamos de lugar, circulábamos por Cumming, que estaba llena de militares”, recuerda Danila. Camila agrega que “había hijxs, guaguas y un sistema familiar que resguardar mientras nos coordinábamos para poder trabajar. A veces estábamos en Concreto Azul y afuera tiraban lacrimógenas”.

Paralelo a estas situaciones, en el subterráneo de la librería se continuaba trabajando. Fue en ese mismo lugar donde surgieron colaboraciones con personas externas al colectivo, como por ejemplo, el afiche que lleva la frase “Lxs Niñxs Primero”, y que nace de una colaboración con Giova, amigo y psicólogo que trabaja directamente con la infancia y que graficó una de las imágenes más representativas de la revuelta.

Otra colaboración se plasmó en la gráfica que destaca el verso “Destruir en nuestro corazón la lógica del sistema”, del poeta chileno Pepe Cuevas, y que lleva en su retiro el poema escrito. Este es el primer afiche que quiebra lo informativo y no contiene datos duros, sino que tan solo se utiliza el formato, pero de una manera mucho más artística y estética. 

“Cuando empezamos a ampliar los temas, comenzamos a necesitar más personas y ahí salimos de lo gráfico. Con el tiempo involucramos nuestros oficios, generando contenido audiovisual e, inicialmente, usando la fotografía como registro. Las gráficas también empiezan a aparecer con menos frecuencia”, añade Paula.

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