Colaboraciones
erraticas

Carnaval funesto

Texto y fotografía – Pia Hernández 

¿Cuándo llega el momento exacto?

El segundo escurrido dónde el corazón se detiene en su latir.

Porque a mí me murieron en vida, me cortaron el sentir

Miro la tumba que en mi lecho me abraza, gélida, firme, recta

Mis manos desteñidas de pena contrastan con la caoba cálida que la compone.

 

En otros días, en otros tiempos, me recuerdo luz, chillona y flexible

Lista para conquistar al mundo, lista para bailar descalza sobre el sol

Pero el mundo tenía otros planes:

Oh pequeña soñadora, no sabes lo que es ser tú 

Te necesito en silencio, más bonita, señorita, atenta, sencilla, más obediente, amorosa

Muda

 

Hoy yazco muerta sobre los blancos laureles 

 

Ya no queda dolor en este pecho de golondrina apuñalada

Ya no queda espacio para el sentir en mi tórax ardiente

Morí con los pulmones calientes, rebalsados de todos aquellos gritos que no alcancé a expulsar por mi boca florida

 

Porque ellos me quisieron marchita, hoy de mi lengua florecen balas

 

Porque para ellos esperar micro a las once de la noche no es más que esperar micro a las once de la noche.

Porque para ellos es más cómodo mantenerse quietos ante la injusticia que han visto mis pupilas aguadas, deseosas de algún día ser secadas con el pañuelo de la justicia.

Porque a mí me enseñaron a cruzar siempre a la vereda de en frente, a correr de la sombra.

Porque no me puedo permitir el lujo de la quietud en este mundo hostil

Hoy, su quietud descarada es la base sólida donde se construye esta cultura violenta que me calla, que ha callado a muchas.

 

Sobre esta base se cimentó mi tumba.

 

Puedo decir que me enterraron a destiempo

Desde los pies de mi tumba, desde los pies de este barco que no flota

Escucho aún el latir ansioso de un corazón que no entiende lo que pasa

El segundero de ese músculo rojo al que le cortaron la marcha

Escucho un tic

Un hombre se burla de mi madre en su trabajo

Escucho un tac

Mi amiga es golpeada por su pololo

Escucho un tic

Le agarran el poto a mi hermana en el micro

Escucho un tac 

Y mi latir de pecho se funde con el de ellas en una marcha fúnebre,

En un trote ciego y desesperado que se empeña en huir de este carnaval funesto.

Este desfile violento en el cual nunca pedí estar.

 

Hoy la muerte me recibe con piedad

Rendida ante todas las que hicieron morir y que hoy cruzan ese umbral envueltas en el celofán del desconcierto

Hoy le pido a la muerte que le avise a mi mamá que ya llegué

Pero ella no puede

Yo ya no puedo.