Colaboraciones
erraticas

Perecer

Texto y fotografía – Barbara Vargas 

La única certeza capaz de callar una alegría y dar esperanza al dolor. Se trata de dar término pero: ¿a qué?, ¿una imagen, un alma, un sonido? Presencia y abstracción dejan de ser al instante y aun así, es capaz de hacer eternidad a través de un recuerdo. 

El segundo donde un corazón se duerme, congelando los sentidos de quienes han de buscar su latir, transmitiendo el mensaje inesperado de no estar. Un adiós definitivo cargado de un vacío dolor.

Un rostro pálido y sin expresión, alguien que alguna vez pudo cubrir un frío invierno con sus brazos o aumentar temores con su presencia hoy no tiene más que la mirada puesta en la nada y su cuerpo, manifestación de rigidez y frialdad, yace a la espera de su transformación. En adelante quedará el impacto de lo hecho, una interpretación de quienes acompañaron su camino ahora terminado.  

Morir: ¿el término o inicio de un nuevo viaje?, ¿ambos quizá? Las únicas voces capaces de dar respuesta estarán bailando en otros cielos o construyendo otros mundos y el día que gocemos de tal realidad, nuestros cuerpos serán lo que guardan las fotografías en el mueble de una casa, ya no estaremos aquí y si algo he descubierto es que no es mi falta de existencia a la que temo, sino que la vida me quite la respiración de aquellas persona que han sido mi fuerte en el paso de los años; la inmaterialidad de sus cuerpos es la que me angustia, que sus olores ya no sean el aroma de mi hogar o que el brillo de sus ojos no puedan alumbrar los pasajes que debo recorrer, las decisiones que me quedan por tomar, que sus risas ya no sean el canto con el que me gusta despertar. 

No hay teoría que nos prepare para el momento ni palabras que consuelen el sentir de una pérdida, cuando la muerte llega, nos pone el desafío de aferrarnos a lo que ya no será o soltar y dejar ir a quien en adelante podrá descansar.